Alergia al frío, rara pero peligrosa

Con la bajada de los termómetros propia de estas fechas, algunas personas se ven afectadas por la alergia al frío. Este tipo de urticaria se manifiesta con la aparición de habones y ronchas en las zonas del cuerpo que permanecen expuestas, como manos, cuello y cara, acompañados de picor, así como sensación de hinchazón o dificultad para respirar o hablar tras haber comido helados o ingerido bebidas frías. La mayoría de los síntomas suelen desaparecer en unos 20 ó 30 minutos.

Aunque no se puede precisar el número de casos que se dan por esta circunstancia, es cierto que no es un trastorno muy frecuente ya que afecta a menos del 1% de la población. Es más habitual en mujeres (2 a 1 respecto a hombres) de entre 20 y 30 años. Habitualmente esta patología es benigna y cede de forma espontánea con el tiempo, aunque su duración puede oscilar entre unos pocos meses y más de 10 años.

Hay veces en que los síntomas son extremadamente graves y los pacientes con alergia se ven imposibilitados para comer cualquier alimento o bebida fría, desarrollan síntomas molestos en invierno e incluso anafilaxias –reacción alérgica grave en todo el organismo– al bañarse en mares, ríos o piscinas no climatizadas por el cambio brusco de temperatura.

Una muy pequeña proporción de los casos se puede asociar a otras enfermedades como ciertos tipos de infecciones víricas, autoinmunes o tumorales (especialmente tumores hematológicos), y determinadas patologías hereditarias en las que varios miembros de una familia pueden desarrollar fiebre y dolores articulares y abdominales junto con las reacciones cutáneas.

 Test del cubito de hielo

Siempre que se sospeche que existe una alergia se debe acudir al médico, dado que en todos los casos es preciso un tratamiento de los síntomas para establecer unas mínimas normas de protección de aquellos más graves. El diagnóstico es sencillo, se realiza mediante la aplicación sobre la piel de un cubo de hielo cubierto por plástico durante unos 5 o 10 minutos para observar, tras otros 10 minutos, si aparece el habón en la zona de contacto.

El tratamiento consiste, por un lado, en evitar en lo posible la exposición al frío, es decir, en la temporada invernal intentar minimizar este impacto sobre la piel protegiéndola con guantes, abrigos, bufandas y gorros, y no tomar helados ni bebidas refrigeradas. Además, se recomienda no sumergirse en aguas frías a lo largo del año y, de hacerlo, ir siempre acompañado para poder ser auxiliado en caso de que se produzca una reacción alérgica generalizada.

Por último, en las personas con síntomas molestos o persistentes se aconseja la toma de antihistamínicos por vía oral para reducir los síntomas. En los casos en que se den reacciones incapacitantes o que se desarrollen con mínimos cambios de temperatura y que no respondan a los antihistamínicos, se pueden administrar nuevos fármacos como el Omalizumab.

 

gamboaDr. PEDRO GAMBOA SETIÉN

Médico de IMQ. Especialista en Alergología