¿Cuál es la relación entre alimentación y demencia?

Todos los aspectos del acto alimentario pueden estar alterados en la persona con demencia. Asimismo, diversos factores y nutrientes pueden ayudar a prevenir la aparición de la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Por ello, es interesante analizar la relación entre alimentación y demencia y cuáles son los nutrientes cuyo consumo puede ayudarnos a prevenirla.

En los pacientes con demencia, la pérdida de peso precedería a la enfermedad y podría ser uno de los primeros síntomas de demencia. Tanto es así que se valora la utilización de este parámetro como marcador.

Alimentación y demencia: nutrientes clave

Varios nutrientes al mismo tiempo tienen un papel clave en las demencias. Por ejemplo, los ácidos grasos poliinsaturados, como el omega 3 y sus derivados, ayudan a prevenir el deterioro cognitivo y juegan un importante papel en el control de los procesos inflamatorios. Estos procesos de inflamación pueden generar excesos del péptido beta-amiloide, cuya acumulación en placas dentro del cerebro es característica en la enfermedad de Alzheimer. La grasa poliinsaturada es una de las grasas saludables y podemos encontrarla en alimentos vegetales y animales, como el salmón, los aceites vegetales o las nueces.

Las vitaminas del grupo B también juegan un importante papel en la relación entre alimentación y demencia. Cuando una persona mayor presenta una ingesta deficiente de ácido fólico y vitaminas B12, B6 y B7, puede tener dificultades para metabolizar correctamente la homocisteína. Precisamente, el exceso de homocisteína es un factor de riesgo importante para la salud de los vasos sanguíneos y puede contribuir a la demencia vascular.

El ácido fólico se encuentra naturalmente en alimentos como hortalizas de hojas verdes o frutas cítricas y puede también consumirse mediante suplementos. Asimismo, es hidrosoluble, es decir, las cantidades sobrantes salen del cuerpo a través de la orina y no son almacenadas en el organismo. Las vitaminas del grupo B, por su parte, se pueden obtener en las proteínas como pescado, pollo, huevos y productos lácteos.

Otra vitamina, la vitamina E, que es liposoluble y antioxidante, puede atrapar los radicales libres presentes en las placas amiloides, ralentizando la progresión de la enfermedad de Alzhéimer. Por eso es necesario mantener un consumo adecuado de alimentos ricos en esta vitamina. Los aceites vegetales, la margarina, las nueces y las verduras de hojas son buenas fuentes de esta vitamina, que también se encuentra en los cereales.

Alimentación y demencia: beneficios de la dieta mediterránea

El mantenimiento de la dieta mediterránea en la alimentación de las personas mayores ha demostrado que reduce el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo leve y de que éste progrese hacia la enfermedad de Alzheimer.

alimentación y demencia

Además, también muestra beneficios para este problema de salud la fibra fermentable, con efecto prebiótico.

Anorexia del envejecimiento

En las personas mayores el principal cambio en la conducta alimentaria es la llamada anorexia del envejecimiento. La anorexia en la tercera edad no significa sólo una ingesta global de alimentos reducida, sino que se caracteriza por un
patrón alimentario en el que algunos grupos de alimentos como el de la carne, los huevos y el pescado, así como el grupo de frutas y verduras, son más penalizados que otras categorías de alimentos (como la leche y los cereales). Sin embargo, también se da el fenómeno contrario, o hiperfagia, en la que se come mucho más de lo necesario.

En personas mayores con anorexia y otros trastornos de la alimentación, acompañados por disfunción cognitiva, conductual o social debería contemplarse la posibilidad de que exista una atrofia de los lóbulos frontal y temporal del cerebro.

Trastornos del sentido del gusto

Los trastornos del gusto pueden ser causados no sólo por una alteración del umbral del gusto y de la vía sensorial sino también por diversos trastornos mentales y físicos, incluyendo la depresión, lesiones de la mucosa oral, enfermedad de las encías, boca seca, enfermedades gastrointestinales, deficiencia en zinc, y la propia medicación. En este sentido, el deterioro del sabor puede inducir también a la pérdida de apetito.

Como vemos, si hablamos de alimenatción y demencia hemos de considerar diversas alteraciones. En la enfermedad de Alzheimer, cuanto más afectación cognitiva y funcional haya, mayor grado de malnutrición presentará la persona mayor. Además, el empeoramiento de la malnutrición se encuentra directamente relacionado con el agravamiento de los trastornos
conductuales.

Iñaki Artaza Director Asistencial en Igurco Servicios Sociosanitarios Grupo IMQDr. Iñaki Artaza
Especialista en Geriatría y director asistencial de Igurco Grupo IMQ

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