Artrosis de cadera: síntomas y soluciones

Tengo dolor en la ingle al andar”, “me duele el glúteo y el dolor me llega a la rodilla”, “tengo dificultad para limpiarme los pies y ya no llego para ponerme los calcetines”, “cojeo un poco cuando camino”… Son afirmaciones que se escuchan a menudo en las consultas de traumatología a pacientes que presentan una artrosis de cadera.

La artrosis de cadera es una de las consultas médicas más frecuentes en la población y causa frecuente de discapacidad en la tercera edad. Afecta a un 10/20% de la población, siendo más habitual en mujeres y a edades avanzadas.

Las causas de la artrosis de cadera son múltiples. Desde patologías de la cadera que pueden provocar síntomas similares, como inflamaciones crónicas o agudas o artritis con debut más florido, a molestias que se experimentan a raíz de un traumatismo o después de una cirugía previa o en el contexto de una enfermedad reumática.

La artrosis de cadera puede aparecer tardíamente, tras alguna patología en la infancia o juventud (enfermedad de Perthes, displasia de cadera, choque femoro acetabular…), agravándose los síntomas al llegar a la madurez. También puede surgir de forma aguda con dolores intensos inguinales en forma de una necrosis aséptica de cadera que, con el tiempo, degenerará en una artrosis de cadera. O puede no haber antecedente alguno y ser de causa desconocida, con determinantes genéticos demostrados que provocan su alta incidencia y su mayor frecuencia en mujeres.

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Sean cuales sean las causas, se va desarrollando el desgaste del cartílago o artrosis que provoca los síntomas mencionados y la limitación progresiva de las funciones de la cadera, que ya no nos deja hacer muchas actividades del pasado, con dolor y rigidez.El diagnóstico generalmente es sencillo y además de los síntomas y exploración, suele ser suficiente con un estudio radiográfico estándar.

Tratamiento de la artrosis de cadera

El tratamiento inicial se basa en un cambio de hábitos: incluyendo hábitos deportivos y ejercicios específicos, control del peso y medicamentos analgésicos y anti inflamatorios. En fases más avanzadas puede ser de ayuda el uso de bastón o muletas. Pero, si a pesar de estas medidas, se mantienen los dolores, que limitan la actividad del paciente y son difíciles de controlar, llega el momento de pensar en el tratamiento quirúrgico para la implantación de una prótesis de cadera.

Prótesis de cadera

La historia y desarrollo de la prótesis de cadera data desde los inicios del siglo XX, hasta llegar a la década de los 70, cuando sir John Charnley desarrolló la “madre” de las prótesis actuales, la prótesis de baja fricción, con componentes metálicos y de polietileno, fijados al hueso con cemento acrílico y con el mérito de perdurar hasta nuestros días, como referencia y parámetro, para confrontar resultados de las prótesis actuales.

Es evidente que las prótesis actuales han experimentado una notable mejoría, tanto en los materiales y superficies que favorecen la integración ósea, como la biomecánica y bioelasticidad que ayudan a que tengan un comportamiento más fisiológico. Así que las prótesis no cementadas han ido ganando terreno y dejando las cementadas para algunas indicaciones, como la edad avanzada o la mala calidad ósea.

Uno de los componentes de las prótesis que más ha mejorado y que, por tanto, ayudarán a aumentar su duración, son los polietilenos, actualmente tratados con radiaciones y vitaminas que hacen que su deterioro sea mucho menor, en forma de desgaste u oxidación y, en consecuencia, en degradación y aflojamientos de las prótesis. Igualmente, las cabezas de cerámica han demostrado ser superiores en sobrevida del implante, a las metálicas, al tener menor rozamiento, pero con el inconveniente de ser más frágiles.

¿Cuál es la duración media de una prótesis de cadera?

Cuando los pacientes preguntan sobre la vida media de una prótesis, es muy difícil predecirlo, teniendo en cuenta los avances y mejoras continuas en materiales y diseños, en el gran abanico de éstos y en el tiempo necesario para poder sacar conclusiones de cuál o qué combinación es “la mejor”.

Es fundamental la experiencia del profesional para, teniendo en cuenta la edad del paciente, las enfermedades, actividad física, la calidad ósea y la morfología del esqueleto, decidir qué prótesis conviene implantar y cómo. “Todos los caminos conducen a Roma” pero todos son distintos.

Asimismo, en la actualidad a las vías clásicas de acceso a la cadera (lateral o posterior) se han unido abordajes que respetan más las partes blandas del organismo (músculos, tendones, vasos). Así las vías anterior y superior que son mínimamente invasivas y con ventajas comprobadas, como son:

  • Una recuperación más rápida.
  • Disminución del dolor y sangrado.
  • Menor tasa de luxaciones en la vía superior, respecto a la anterior y posterior.
  • Posibilidad de reiniciar la marcha el mismo día de la cirugía y de altas domiciliarias a las 24 – 48 horas.

Sumado a las mejoras materiales y de diseño de las prótesis, la aparición de estos abordajes más anatómicos y menos agresivos con la articulación, facilita a los pacientes operados de cadera una recuperación más rápida con aumento de la funcionalidad y autonomía a corto plazo, en los primeros meses.

A medio y largo plazo, no hay diferencias significativas y la mayoría de las prótesis, a través de cualquiera de los abordajes, ofrecen una excelente funcionalidad y duración que siguen haciendo de la prótesis de cadera, una de las cirugías más agradecidas y demandadas.

Francisco González Bosch IMQDr. Francisco José González Bosch
Especialista en Traumatología del Centro Médico-Quirúrgico IMQ Zurriola

 



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