Bullying, prevenir el acoso escolar


El Bullying es un conjunto de conductas físicas o mentales, agresivas y repetitivas que puede llegar a producir graves secuelas emocionales en quien lo padece.

Dan Olweus fue quien primero  empleó este término para definir el acoso escolar en la década de los 70 en Noruega, donde en poco tiempo se creó un programa para combatir sus consecuencias. Con la expansión de los medios telemáticos –Internet, foros, telefonía móvil, correo electrónico, consolas…–, el hostigamiento se ha extendido más allá del centro de estudios y puede producirse en cualquier momento, lugar y situación.

Por lo general, el perfil de quien lo padece es el de un niño ‘diferente’, tímido y/o discapacitado, sobre quien se practica un acoso constante con consecuencias emocionales, a veces, devastadoras. En España, según diversos estudios, lo ha sufrido un 5,9% del alumnado, dato que nos sitúa, sin embargo, en un nivel bajo en el contexto de los países occidentales.

Las consecuencias del acoso se traducen en baja autoestima, actitudes pasivas, pérdida de interés por los estudios llegando al fracaso escolar, trastornos emocionales, problemas psicosomáticos (dolores de estómago, de cabeza, vómitos, náuseas), ansiedad, fobias relacionadas con el ámbito escolar, insomnio, depresión, estrés postraumático, pensamientos suicidas e incluso intentos de acabar con su vida. A largo plazo, puede llegar a transformar la personalidad.

Ante esta situación, ¿qué debe hacer el niño o joven que lo sufre? Lo primero, ser consciente de que no tiene la culpa de lo que le está pasando; saber que no está solo, tiene amigos y adultos alrededor que le quieren y le cuidan y a quienes debe acercarse para obtener ayuda.Cuando se encuentre con su agresor tiene que intentar no mostrar miedo, no llorar ni enojarse ya que eso es, precisamente, lo que éste pretende.

Respecto a los padres y profesores, tienen que estar atentos para detectar si un niño está siendo objeto de bullying. Los síntomas que deberían alertar son que se muestra triste, abatido, apático o agresivo en casa o presente conductas disruptivas en el aula, con un descenso en el rendimiento escolar y un progresivo aislamiento en clase y en los recreos.

 Separarles del agresor

A la hora de actuar, lo primero es intentar que se desahogue y cuente lo que le ocurre. La familia es el entorno de donde emana la primera fuente de ayuda; si es necesario, se debe acudir a un psicólogo o psiquiatra para abordar este problema. Asimismo, es fundamental separarles de la fuente conflictiva para poder reducir y eliminar las secuelas, como altos niveles de ansiedad, depresión, etc. y enseñarle los recursos necesarios para ser capaz de enfrentarse a estas situaciones mediante programas cognitivos conductuales, programas de asertividad, entrenamientos en habilidades sociales, etc. Todo ello dirigido a incrementar la autoestima y fortalecer la personalidad.

 

Dr. ANTONIO VILLASANA CUNCHILLOS Medico de IMQ. Especialista en Psiquiatría

Dr. ANTONIO VILLASANA CUNCHILLOS

Médico de IMQ. Especialista en Psiquiatría