Colon, un tumor a tener muy en cuenta


El cáncer de colon es el segundo más frecuente entre las mujeres tras el de mama y el tercero entre los hombres tras el de pulmón y el de próstata, siendo más habitual en ellos que en ellas (en proporción de seis a cuatro).

Aparece en el interior del intestino grueso –desde el intestino delgado hasta el ano– y en ocho de cada diez casos se origina en un pólipo benigno, que sufre una transformación maligna tras un periodo de hasta una década.

Cabe subrayar que es muy poco o nada sintomático al principio por lo que tan sólo puede detectarse a través de una serie de pruebas médicas. No obstante, existen algunas señales fáciles de captar y que pueden dar la voz de alarma. Por ejemplo, cuando el tumor crece en ocasiones obstruye el colon-recto y las personas que lo sufren pueden notar alteración continuada del ritmo de las deposiciones. A su vez, también es posible que origine sangrados recurrentes que se observen en las heces.  Los sangrados pueden ser, no obstante, producidos por otros trastornos benignos de menor importancia- como hemorroides o fisuras- y que también deben ser consultados con el especialista para evitar consecuencias más graves. Asimismo, las anemias han de ser siempre estudiadas para descartar un sangrado del tubo digestivo por esta causa.

Dada su escasez de síntomas, es necesario mantener cierto control médico para poder detectarlo a tiempo. En las fases tempranas, la tasa de éxito es del 90%. Una de las pruebas más frecuentes es el tacto rectal, una exploración rápida y no dolorosa con la que un médico puede diagnosticar hasta un 20% de los tumores. A su vez, también existe el test de sangre oculta en heces, una prueba sencilla que detecta si hay o no sangre en las deposiciones, por lo que se utiliza para diagnosticar tanto lesiones benignas como malignas.

En este caso, se envían a laboratorio de análisis una o tres muestras (mejor) de heces. No obstante, remarcar que cuando el resultado es positivo no quiere decir que sea por un cáncer en todas las ocasiones, puede tratarse de fisuras, colitis inflamatorias y otras patologías. Gracias a los programas actuales de diagnóstico se conseguido detectar cada vez mayor número de casos en fases precoces de la enfermedad.

Colonoscopia

Respecto a la colonoscopia, es el método más fiable y más utilizado para detectar patologías benignas y malignas en el colon. Se trata de una exploración que realiza un médico, introduciendo por el ano un tubo flexible (colonoscopio) con una cámara de vídeo, que permite ver el interior del colon. Además, se pueden sacar fotos, extirpar pólipos y tomar muestras para ser analizadas. Generalmente se realiza con anestesia, lo que evita que la exploración sea dolorosa.

Otras técnicas son el enema opaco de doble contraste, que consiste en realizar unas radiografías tras la introducción de un contraste y aire en el colon; la colonoscopia virtual; la radiografía de tórax; la ecografía endoanal o intra operatoria; la tomografía axial computarizada (TAC); la resonancia magnética nuclear (RMN) y la tomografía por emisión de positrones (PET). Todas ellas son exploraciones muy útiles para el diagnóstico de esta enfermedad.

El quirófano, lo más eficaz

El tratamiento quirúrgico está demostrado que es el mejor para estos tumores. Se trata de extirpar una parte del colon, con márgenes de seguridad y volver a unir los extremos limpios de tumor. En este campo, la laparoscopia es una técnica reciente que permite realizar la operación a través de unos orificios en la pared abdominal sin necesidad de abrirla.

En la actualidad se utilizan unas herramientas muy sofisticadas que permiten cortar, coagular y coser de forma más segura y en menos tiempo. Con esta técnica se consigue un postoperatorio más confortable y una recuperación más rápida. Además, la colaboración entre cirujanos y oncólogos permite mejorar el pronóstico de la enfermedad

 

GARAIZABAL EDUARDO Y JULIOEduardo y Julio Garaizabal
Médicos de IMQ, Especialistas en Cirugía Digestiva

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