Controles de salud en el hombre

Superar el miedo a acudir al médico es el primer paso para darse cuenta de la utilidad de los controles preventivos de salud para el hombre. Ya lo dice el refrán: prevenir es curar. En el caso de los hombres esta premisa tiene un gran sentido ya que no están acostumbrados a someterse a pruebas que ayuden a la prevención como las mujeres, algo más habituadas, por ejemplo, a su revisión anual ginecológica.

Además de esta falta de concienciación sobre los beneficios de acudir a consulta, por lo general los hombres tienden a ser más propensos a ciertos hábitos perjudiciales como fumar y beber, tomar decisiones poco saludables o de riesgo, así como retrasar los chequeos regulares y la atención médica.

A su vez, es importante tener en cuenta que existen enfermedades que afectan solamente a los hombres, como pueden ser el cáncer de próstata y los bajos niveles de testosterona. Muchos de los principales riesgos de salud a los que se enfrentan, por ejemplo el cáncer de colon o las enfermedades cardiacas, pueden prevenirse y tratarse con un diagnóstico anticipado. Por tanto, es fundamental acudir con regularidad a los exámenes médicos necesarios, sobre todo a partir de los 40 o 45 años.

A cada edad le corresponde un chequeo de salud distinto

Las pruebas de salud preventivas para el hombre se podrían desglosar por tramos de edad.

Infancia

En la infancia es suficiente con la aplicación de las vacunas recogidas por el calendario oficial y la evaluación del pediatra, quien derivará al especialista cuando lo estime necesario.

Juventud

De los 20 a los 35 años no hacen falta cuidados específicos, a no ser que se den factores de riesgo, en cuyo caso es posible que se adelanten y completar algunos controles.

Madurez

A partir de los 45 años se deberían realizar pruebas cardiológicas (corazón y pulmón), digestivas (cáncer de colon) y urológicas (de próstata, vejiga y riñón).

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Procedimiento

Una vez sensibilizados acerca de las múltiples ventajas de revisar cada cierto tiempo el estado de los órganos, ¿por dónde comenzar? En primer lugar, hay que acudir al médico de familia, quien propondrá una serie de pruebas como analíticas de sangre y orina que revelarán los niveles de colesterol, azúcar, triglicéridos…

La toma de la tensión arterial indicará si existen potenciales riesgos para el sistema cerebrovascular. Si hay antecedentes familiares o alguna patología que haga sospechar, se enviará al especialista en cuestión. Con ello se puede evitar la aparición o el desarrollo de las enfermedades mencionadas y para las que un diagnóstico precoz puede ser vital.

La principal recomendación que, en resumen, se puede hacer es que los pacientes superen el miedo que muchos de ellos reconocen tener a acudir a consulta y tomen conciencia de que la prevención suele ser la mejor prescripción para ciertas patologías. Asimismo, en aquellos con antecedentes familiares se debe insistir en que los chequeos periódicos pueden ser fundamentales.

 

Dra. Blanca Mayo
Especialista en Medicina de Familia del Centro IMQ Amárica

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