Degeneración macular: prevención a la vista


La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una enfermedad dege­nerativa de la mácula. La mácula es la zona más sensible de la retina y, por lo tanto, cualquier lesión que la afecte reper­cute de forma importante en la visión. Es relativamente frecuente, de hecho, es la principal causa de pérdida visual irreversi­ble en el mundo occidental en personas mayores de 55 años.

Esta enfermedad no tiene una causa concreta, el paso de los años conlleva el envejecimiento de las estructuras del ojo y la enfermedad es cada vez más frecuente, principalmente por el aumento de la esperanza de vida en la población pero hay otros factores que pueden contribuir a su desarrollo, como causas hereditarias –los hijos de personas con DMAE tienen más riesgo de desarrollar la enfermedad junto con una alimentación poco equilibrada o fumar. Asimismo, hay estudios que hablan de una mayor incidencia en personas de raza blanca, pacientes con obesidad y que siguen una dieta poco sana, así como sujetos que se ven sometidos de forma considerable a la radiación solar sin protección adecuada. De todas formas, los factores más claros parecen ser la edad avanzada, la herencia y el consumo de tabaco. Por otro lado, suele aparecer a partir de los 50 o 55 años, pero es indudable que en la séptima u octava década de la vida es cuando su incidencia resulta más acusada.

Síntomas y diagnóstico

Hay que prestar especial atención a los pacientes que se quejan de ver distorsionado o torcido cuando leen o fijan su visión en algún detalle (metamorfopsia) y a los que refieren una mancha o isla sin visión en el centro de su campovisual (escotoma central). Como en cualquier otro campo de la medicina hay casos leves, con escasa repercusión en la vida del paciente, y casos severos, que limitan de forma importante su día a día.

En general, todas las personas deberían hacerse revisiones periódicas para descartar signos incipientes de la enfermedad y poder delimitar el riesgo de desarrollar el proceso. En cualquier caso, la presencia de los síntomas descritos anteriormente hace que la visita al especialista sea obligada.

Respecto a su diagnóstico, se realiza mediante la exploración del fondo del ojo y pruebas específicas como la angiografía fluoresceínica y la tomografía de coherencia óptica. En determinadas situaciones, instrumentos más simples como la rejilla de Amsler pueden ser útiles.

Nuevas posibilidades de tratamiento

Hasta hace no muchos años, la DMAE era una enfermedad casi maldita y no se disponía de tratamiento alguno para intentar frenarla. Afortunadamente, en los últimos años han surgido posibilidades de tratamiento que nos permiten combatir la enfermedad y es previsible que tengamos más tratamientos en un futuro no lejano.

Para algunas formas de la enfermedad es útil tomar ciertos suplementos con complejos vitamínicos, antioxidantes y oligoelementos.Este aporte extra a nuestra dieta ha demostrado ser efectivo al detener el avance de la enfermedad en un número significativo de pacientes. Para los casos más graves, la opción más habitual es realizar inyecciones intraoculares de medicamentos que mejoran la inflamación y el desarrollo de vasos anómalos en la mácula. A su vez, existen otras opciones de tratamiento pero son más excepcionales, como la cirugía, el láser o la terapia fotodinámica.

En cualquier caso, es importante mentalizarse de que la batalla es a largo plazo. Hoy en día estamos acostumbrados a ver resultados inmediatos con otros procedimientos, como en la cirugía refractiva y en las operaciones de cataratas, pero en este caso los tratamientos son largos y no podemos ofrecer resultados milagrosos.

 

Médico IMQ

 

Luis González
Médico de IMQ, especialista en Oftalmología

 

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