¿Cuáles son las diferencias entre ictus y derrame cerebral?

¿Alguna vez te has preguntado cuáles son las diferencias entre ictus y derrame cerebral? Lo cierto es que se trata de sinónimos, pero ictus es el término médico y derrame cerebral es la expresión más empleada coloquialmente. La mayoría de las veces, cuando la gente habla de derrame, suele referirse a una hemorragia, aunque realmente de lo que estamos hablando es de un accidente cerebro vascular, que puede producir una lesión en nuestro cerebro por diversos motivos.

Existen varios tipos de ictus provocados por diferentes causas. Y una hemorragia cerebral es un subtipo de ictus.

Qué es un ictus

Cuando se produce una lesión vascular en nuestro cerebro, ésta puede ser de dos tipos: porque un vaso se obstruye, o porque un vaso se rompe. En el primero de los casos hablaríamos de ictus isquémico y en el segundo, de ictus hemorrágico. La mayoría de las veces simplificamos nuestra manera de hablar y nos referimos simplemente a ictus y hemorragia respectivamente, lo que puede llevar a confusión.

Un ictus (isquémico) es como un infarto, solo que en lugar de afectar a nuestro corazón, afecta al cerebro. De hecho, también se conoce como infarto o ataque cerebral. Sucede cuando se produce una interrupción brusca y repentina en el flujo sanguíneo, lo que provoca la muerte del tejido que se encuentra alrededor del punto en el que se produce ese bloqueo porque no pueden llegar el oxigeno ni los nutrientes necesarios.

Muchas veces hablamos de embolias o trombosis cuando nos referimos a los ictus, aunque en realidad a lo que estamos haciendo referencia es a la causa del ictus y no al ictus en sí. La embolia se produce cuando un émbolo, que puede ser un coágulo de sangre o una burbuja de aire, por ejemplo, se arrastra desde un punto de un vaso sanguíneo hasta otro punto de menor calibre, donde se encalla, provocando su obstrucción. La trombosis se refiere a la formación de un coágulo dentro de una vena o arteria. La embolia y la trombosis pueden producirse en distintos órganos del cuerpo, si afectan al cerebro, es cuando provocan un ictus.

Qué es un derrame cerebral

En el caso del derrame cerebral, entendiéndose como un ictus hemorrágico, lo que se produce es una rotura de algún vaso sanguíneo en el cerebro. Por eso se conoce también como una hemorragia cerebral. Esta rotura hace que se produzca una rápida expulsión de sangre que, de ser en gran cantidad, puede llegar a ejercer presión en el cráneo, comprimiendo la masa encefálica y provocando consecuencias graves.

Conocer la causa de un ictus, ya sea isquémico o hemorrágico, tiene gran importancia para poder actuar sobre él en el momento que ocurre y para prevenir que se vuelva a repetir. Hay causas muy variadas y por ello es importante realizar un correcto y completo estudio del paciente por un neurólogo cuando ocurre un accidente cerebro vascular. Cuando el origen de que un vaso se obstruya es un coágulo, con tratamientos específicos, podemos intentar deshacerlo. Pero para ello es muy importante el tiempo que transcurre desde que el vaso se ha ocluido y de ello dependerán las secuelas. A mayor tiempo se encuentre un vaso obstruido, mayor cantidad de neuronas morirán y por ello mayores y más difícilmente reversibles serán las secuelas.

Síntomas del ictus

Los síntomas de un accidente cerebro vascular dependerán de la localización del mismo. Nuestro cerebro está organizado en diferentes áreas que se encargan de tareas distintas y especificas. Según la zona del cerebro donde ocurra el problema aparecerán unos u otros síntomas. Normalmente, los vasos que llevan la sangre a las diferentes partes del cerebro se distribuyen de la misma manera, por ello según los síntomas que presente un paciente, los neurólogos podemos deducir dónde se encuentra la lesión. Clínicamente, sin embargo, no es posible diferenciar con seguridad una hemorragia de un ictus isquémico o sus subtipos.

Factores de riesgo para padecer un ictus

Hay muchos factores que pueden causar un ictus. Algunos de ellos son difíciles de controlar, como el envejecimiento o la predisposición genética; otros, sin embargo, sí son factores que se pueden modificar para que el riesgo sea menor.

Edad:

A partir de los 55 años, aumenta el riesgo de padecer un ictus, lo cual no significa que no pueda darse en personas más jóvenes.

Hipertensión:

La tensión alta es una de las mayores causas de ictus de cualquier tipo.

Otras patologías:

La diabetes, obesidad, enfermedades cardíacas o problemas en las carótidas, son también factores de riesgo.

Tabaquismo, alcohol y drogas:

Se han realizado varios estudios en los últimos años que demuestran que tanto el consumo de tabaco como de alcohol aumentan las posibilidades de sufrir un ictus. El uso de drogas como la cocaína se relaciona directamente con un alto riesgo de sufrir ictus y otros tipos de infartos.

Reincidencia:

Las personas que han sufrido un ictus, tienen más posibilidades de volver a tener uno, sobre todo si no se han tratado las causas que lo pudieran haber provocado.

Síntomas de un ictus o derrame cerebral

La capacidad de reacción es fundamental a la hora de tratar un ictus y minimizar sus secuelas. Por eso, si tenemos la sospecha de que nosotros o alguien de nuestro entorno pudiera estar sufriendo un  ictus, hay que llamar a Emergencias lo más rápido posible.

Los síntomas pueden variar y no es necesario mostrarlos todos para estar teniendo un ictus. Además, como se ha explicado, dependiendo de en qué lado del cerebro se esté produciendo el ictus, las manifestaciones pueden ser diferentes.

En cualquier caso, hay que estar atento a los siguientes síntomas:

  • Parálisis de un lado de la boca/cara o de algún brazo/pierna.
  • Problemas para expresarse o entender el lenguaje.
  • Pérdida de equilibrio y mareo brusco.
  • Pérdida de visión.

Si nos encontramos ante una persona que creemos que está sufriendo un ictus, podemos realizar tres pasos sencillos para verificar que realmente pueda tratarse de un accidente cerebrovascular, aunque lo más importante es llamar con la mayor brevedad al 112:

  • Pedimos que la persona repita algún tipo de refrán, como “tres tristes tigres”, para ver si tiene dificultades o arrastra las palabras.
  • Le pedimos ahora que sonría y nos fijamos en si uno de los dos lados de la cara no se mueve correctamente.
  • Por último, le pedimos que levante los brazos, para ver si no tiene fuerza en alguno de ellos.

Si no es capaz de hacer alguna de estas cosas, es probable que esté sufriendo un ictus. Hay que pedir ayuda de inmediato.

Dra. Lara Pardina
Especialista en Neurología del Centro Médico Quirúrgico IMQ Zurriola

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