Efectos del alcohol en el organismo


El alcohol es una droga depresora del sistema nervioso central, neuro­tóxica, adictiva, inmunosupresora, carcinogénica y perjudicial para el sistema cardiovascular. Estas Navidades mucha personas sufrirán sus consecuencias. Durante las fiestas, el consumo se dispara de media un 25%, mientras que las intoxicaciones etíli­cas aumentan hasta un 300%. Por tanto, en ningún caso los profesionales sanita­rios deben enfatizar públicamente las posibles ventajas de un consumo moderado porque es un mensaje equívoco, ambiguo y peligroso.

Pocos minutos después de haber bebido aparecen una serie de efectos que varían dependiendo de la cantidad ingerida y otras circunstancias que lo pueden acelerar o agravar, como son: la edad, (los jóvenes son más sensibles); el peso, (afecta de modo más grave a personas con menos masa corporal); el sexo, (las mujeres toleran menor cantidad de etanol que los hombres); la rapidez de la ingesta; si se realiza con el estómago vacío o la combinación con bebidas carbónicas (tónica, colas) que aceleran la intoxicación.

Podemos dividir estas bebidas en dos tipos: fermentadas, como la sidra, el vino, la cerveza o el cava, donde el grado de alcohol oscila entre 5 y 15, y las destiladas, como la ginebra, el ron, coñac, anís, aguardiente…, con graduación entre 17 y 45, o incluso más. La Organización Mundial de la Salud señala que un consumo tolerable no debe superar dos copas de vino o una cerveza al día en hombres, y la mitad en mujeres.

En cuanto a los síntomas de alarma de que una ingesta moderada pasa a ser algo más serio, varían de un cuadro de excitación y pérdida de inhibiciones, verborrea o lenguaje pastoso, a una falta de coordinación y torpeza motora, impulsividad molesta y peligrosa, vómitos, alteración de la consciencia y, en los casos más graves, estado de coma e incluso muerte por parada cardíaca.

Cómo actuar

La embriaguez leve o moderada –somnolencia, falta de reflejos, incontinencia verbal– no precisa de tratamiento médico; hay que dejar de tomar alcohol apenas empiece uno a sentirse mareado, y continuar con agua y refrescos. En las intoxicaciones graves, donde hay vómitos, agresividad, agitación psicomotriz y convulsiones se recomienda valoración y tratamiento médico lo antes posible. Mientras tanto, se debe colocar al intoxicado en posición lateral de segu­ridad, bien abrigado, y vigilar la vía aérea para que permanezca abierta. Conviene remitir a un centro clínico a pacientes que presenten alteración del nivel de conciencia ya que la intoxicación puede descompensar una enfermedad de base, por ejemplo, la diabetes.

Las complicaciones más importantes que se pueden dar en caso de no actuar rápidamente son los traumatismos por agitación psicomotriz y asfixia por la aspiración de los vómitos. Asimismo, es aconsejable realizar una exploración pormenorizada de adolescentes atendidos en urgencia por intoxicación etílica, y en caso de que existan factores de riesgo, derivarlos al servi­cio especializado de adicciones.

Y es que el consumo en la adolescencia aumenta las posibilidades de desarrollar en la edad adulta una dependencia que dañe con el tiempo algunos órganos vitales, como el cerebro, el hígado o el corazón. Es de sobra conocida la responsabilidad del alcohol en ciertas neuropatías, cirrosis hepáticas, infartos y accidentes cerebro-vasculares.

Mención especial merece el riesgo sobre el feto que tiene beber durante el embarazo. Los recién nacidos de madres alcohólicas pueden presentar bajo peso, problemas de vistas y oído, agitaciones, enfermedades cardíacas y retraso a la hora de aprender a hablar, entre otros graves trastornos.

 

Medicina general

Dra. Rosario Cal Montes

Médico de IMQ, Especialista en Medicina General