Embolia: síntomas y tratamiento

Una embolia consiste en la oclusión aguda de una arteria, con el consiguiente cese del riego en el órgano afectado. Puede darse en cualquier parte del cuerpo y siempre vienen ocasionadas por fragmentos de trombo que se desprenden procedentes de otra localización, por lo general, del corazón. La causa más frecuente es la formación de trombos dentro del corazón, habitualmente provocados por arritmias.

En este punto cabe destacar que no existen distintas clases de embolia, sino diferentes localizaciones de la misma. Esto es lo que produce una sintomatología diferente y un pronóstico distinto dependiendo de la localización. Asimismo, los especialistas explican que no se dan diferencias notables entre hombres y mujeres a la hora de padecer esta patología y que el ‘mayor pico’ se experimenta en la tercera edad, ya que es cuando más frecuentemente aparecen las enfermedades cardiovasculares, productoras de embolismos.

Aun así, se trata de una patología cada vez menos habitual debido a que el diagnóstico de las enfermedades que originan las embolias es cada vez más precoz, así como su consecuente tratamiento con anticoagulantes y antiagregantes plaquetarios.

¿Cuáles son los síntomas de una embolia?

En cuanto a los síntomas de una embolia, dependen de la localización de la arteria afectada y del tamaño de la misma o nivel al que se ha ocluido. Así, una embolia en los miembros inferiores producirá un cuadro de dolor intenso de la pierna que viene acompañado de una palidez intensa.

Por otro lado, una embolia que se produzca en la zona del cerebro puede producir un cuadro de hemiplejía. Una embolia en la arteria mesentérica, que se encarga de irrigar los órganos abdominales del sistema digestivo, producirá un cuadro de abdomen agudo con intenso dolor y shock, y una embolia coronaria producirá un infarto de miocardio.

Vida normal

La evolución de la enfermedad dependerá del órgano afectado y de la rapidez con la que se actúe, realizando la intervención que se precise para restaurar el flujo arterial. Muchos de los procesos embólicos pueden llegar a acarrear la muerte o daños irreversibles, si no son tratados a tiempo. Aun así, es raro visitar al especialista por un proceso embólico, ya que estas patologías requieren acudir de inmediato a urgencias.

A pesar de los riesgos asociados, cualquier persona podrá reincorporarse a una vida normal dependiendo del daño que haya producido la embolia. Si el paciente ha quedado hemipléjico, no podrá hacerlo, evidentemente. Si ha ocurrido una embolia en pierna y ha sido intervenido con celeridad, podrá volver a una vida normal.

En ocasiones, los procesos embólicos de pequeño tamaño, a nivel de piernas, pueden originar una isquemia crónica de miembros inferiores (ICMI) que se da como consecuencia de una falta de riego sanguíneo en una de las dos piernas o, a veces, en ambas. La disminución de este flujo afecta a los gemelos y, en consecuencia, impide caminar.

Tratamiento de la embolia: ¿quirófano o fármacos?

Cuando se produce una embolia, cesa el riego sanguíneo en el órgano afectado, con el consiguiente daño del mismo. El tratamiento consiste en restaurar el riego de este órgano con la mayor celeridad, antes de que ocurran daños irreversibles. Un método es la desobstrucción de la arteria afectada mediante una intervención quirúrgica, se abre la arteria y se introduce un catéter con el que se extrae el material embólico.

Una segunda posibilidad es disolver el émbolo mediante fármacos que pretenden licuar el trombo. Si la arteria es accesible en quirófano, como cuando se localiza en una pierna o en la arteria intestinal, se procede quirúrgicamente. En caso de ser inaccesible, se aplica un tratamiento anticoagulante. Un caso aparte es el de las embolias cerebrales, en las que no se puede actuar por vía quirúrgica y, en ocasiones, tampoco con anticoagulantes. Sólo cabe esperar y ver la evolución.

Consejos para evitar una embolia

  • Revisiones por un cardiólogo:

    A partir de los 60 años es fundamental realizar revisiones periódicas con un especialista en Cardiología para detectar patologías cardiacas, sobre todo arritmias, que en muchas ocasiones ocurren sin que el paciente lo sepa. Así se puede poner el correspondiente tratamiento anticoagulante o antiagregante para evitar la formación de coágulos dentro del corazón.

  • El diagnóstico precoz es vital:

    El diagnóstico de sospecha es clínico, por los antecedentes del enfermo (cardiopatía, etc.), y los síntomas que presenta. Posteriormente existen diferentes métodos como el ecodoppler, angioresonancia o arteriografía, que son aplicables dependiendo de la localización del émbolo.

  • Dieta sana y ejercicio:

    Como las enfermedades cardiovasculares –como, por ejemplo, la arteriosclerosis– también son productoras de embolismo, conviene llevar una vida sana. En este punto, los especialistas recomiendan ejercicio moderado diario, alimentación mediterránea, evitando grasas animales y dejar hábitos dañinos como el tabaco.

Principales dudas en consulta

La principal duda es la confusión que, en general, tienen entre el trombo-embolia arterial y el venoso. La trombosis venosa es bastante habitual, pero no produce obstrucción del riego sanguíneo ni hemiplejías, como mucha gente cree. Únicamente tiene el riesgo de embolismo pulmonar –por lo que, lógicamente, también deben ser tratadas– en los primeros días tras la trombosis, desapareciendo dicho riesgo posteriormente.

Dr. Enrique Castellanos Especialista en Angiología y Cirugía Cardiovascular de IMQDr. Enrique Castellanos
Especialista en Angiología y Cirugía Cardiovascular de IMQ

 

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