ETS, el sexo, con precaución


Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) son un tipo de afecciones ante las que no se puede bajar la guardia. La más frecuente es la infección por el virus del papiloma humano (HPV), si bien existen más de 40 serotipos (o microorganismos) distintos del virus que pueden infectar la zona genital, tanto de hombres como de mujeres. Por poner un ejemplo de su trascendencia, investigaciones realizadas en Estados Unidos indican que en ese país se contagian unos 6 millones de personas al año por primera vez y que al menos el 50% de los hombres y mujeres que tienen sexualidad activa lo contraen en algún momento de su vida.

Dentro de las ETS bacterianas, la más común es la infección por clamidia, una enfermedad sexual ‘silenciosa’ ya que apenas produce síntomas o éstos son muy leves (alteración del flujo vaginal, molestias al orinar…). Los expertos indican que son estas dos patologías las que mayor incremento están experimentando en la actualidad.

En cuanto a las edades, lo más común es que sea al inicio de las relaciones sexuales completas, pero también en la década de los 30 a los 40 años en ambos sexos. No en vano, el perfil más común de paciente es el de la persona que ha tenido múltiples parejas sexuales, así como los usuarios de la prostitución.

De hecho, la causa más importante de infección sexual es no usar preservativo en las relaciones desde el inicio. También es importante tratar a los miembros de la pareja de forma simultánea, ya que si no cualquiera de los dos puede infectar a nuevas personas.

sexo precaucuón

Síntomas de las ETS

En algunas ETS, los síntomas pueden ser más o menos evidentes, pero otras veces son leves y pueden pasar desapercibidos.

Partiendo de estos supuestos, hay que consultar cuando aparece sintomatología genital (heridas, llagas, verrugas…) o urinaria (molestias al orinar…) que pueda ser debida a contactos sexuales sospechosos, aunque haya pasado un tiempo de ellos. En estos casos, lo mejor es consultar con su médico.

No obstante, es importante destacar que los síntomas dependen de la causa y el estadio (por ejemplo, en la sífilis), así como del propio paciente (no todos, ni mucho menos, presentan los mismos síntomas con la misma enfermedad). Por desgranar algunos de los más llamativos: la úlcera dura y adenopatías –trastornos en los ganglios linfáticos– se dan cuando se contrae la sífilis, verrugas en el HPV, pequeñas heriditas agrupadas dolorosas en el herpes, secreción y molestias urinarias en la gonococia o gonorrea, molestias vaginales y flujo en la infección vaginal…

Para diagnosticar una ETS lo más importante es sospecharla. Una vez dado este paso, se pueden hacer análisis de sangre y tomar muestras para cultivos para asegurar el diagnóstico que permitirá realizar un tratamiento correcto y a tiempo. Todas se pueden curar a base de tratamientos con antibióticos, antivirales…

El diagnóstico ha avanzado durante los últimos años con nuevos métodos serológicos (de sangre) y medios de cultivo. También en el tratamiento con antivirales y vacunas para el virus del papiloma. Sin embargo, la sífilis se cura con la clásica penicilina en el 100% de los casos.

Complicaciones serias si no se curan

Pueden existir complicaciones importantes si no se tratan estas infecciones. La gonorrea o la clamidia pueden producir, en las mujeres, la llamada enfermedad inflamatoria pélvica. Con el paso de las semanas, la sífilis puede afectar a distintos órganos del cuerpo, como el cerebro o la médula espinal. A su vez, también es importante el diagnóstico en las embarazadas para poder tratarlas antes de que pueda afectar al feto. Por ejemplo, en el caso de la sífilis congénita, puede tener consecuencias en la salud ocular del recién nacido, aunque este problema es fácilmente evitable con las pruebas y tratamientos que reciben las embarazadas.

 

Xabier Eizaguirre
Médico especialista en Dermatología y Venereología de IMQ

+ No hay comentarios

Añadir uno