Con la llegada del calor, vigila la hidratación de los más mayores

Es ley de vida. Los problemas de salud en los mayores son más frecuentes, con la edad nuestro cuerpo y organismo se resiente. Sin embargo, hay un problema que afecta a muchas personas mayores y que muy a menudo pasa desapercibido por lo obvio que parece: la hidratación. La hidratación en las personas mayores es fundamental. El agua es vida, en sentido literal. Por ello debemos estar bien hidratados; es como el aceite que necesita nuestro engranaje interno para no oxidarse.

Al hacernos mayores, la cantidad de agua en nuestro cuerpo se reduce, por lo que debemos estar todavía más atentos a la hidratación en la tercera edad. Si por naturaleza tenemos tendencia a que haya menos agua en nuestro cuerpo, y el riesgo de deshidratación sea más grande, en los mayores se unen otros factores que hacen que la ingesta de líquidos sea menor.

Las personas mayores se hidratan menos por diversos motivos: tienen menos sed, son más propensos a la retención de líquidos y pueden padecer problemas de movilidad que les hagan pensar que cuanto menos tengan que ir al baño mejor. Esto es un error: beber menos agua no evita la incontinencia, es más, la falta de hidratación puede provocar problemas en el sistema urinario que nos produzcan más ganas de orinar.

A esto se añade que, a veces, la medicación que toman las personas mayores hace que se incremente el riesgo de deshidratación.

Consecuencias de la falta de hidratación en las personas mayores

Las consecuencias de la deshidratación en las personas mayores pueden ser graves. Se ha relacionado la falta de hidratación con un mayor índice de mortalidad y con estancias hospitalarias más largas y más frecuentes.

Incluso si la deshidratación no es muy severa, en la tercera edad  puede acentuar problemas cognitivos. El cerebro necesita estar bien hidratado para funcionar correctamente.

La deshidratación afecta a la piel y propicia el estreñimiento. Además, una buena hidratación ayuda al buen funcionamiento de los riñones y el sistema urinario, reduciendo las posibilidades de padecer infecciones de orina u otros problemas.

Síntomas de deshidratación en los mayores

Los síntomas de deshidratación pueden manifestarse en la sequedad en la zona de la boca (labios, lengua), piel seca, hundimiento de los ojos, mareos, desorientación o presión arterial baja, entre otras cosas.

Un buen indicador de los niveles de hidratación de una persona es su orina. Por lo general, si ésta es de un color claro y sin olor, es que se está bien hidratado. Si por el contrario la orina tiene un olor fuerte y un color oscuro, puede ser que esa persona esté deshidratada.

Consejos para la buena hidratación de las personas mayores

Como hemos visto, el riesgo de deshidratación en las personas mayores se incrementa, y lo hace todavía más cuando hace calor. Es en las temporadas calurosas cuando debemos prestar más atención, puesto que la deshidratación puede llegar a ser muy peligrosa para las personas de avanzada edad.

Lo primero es analizar y darse cuenta de si la persona está o no ingiriendo una cantidad suficiente de líquidos. Hay muchas opiniones sobre el tema pero, en realidad, no hay una evidencia que establezca cuánta agua debemos beber al día. El sentido común nos dirá que beberemos cuando tengamos sed, eso sí, hay que escuchar al cuerpo y darse cuenta de cuándo tenemos sed…

En el caso de las personas mayores hay que prestar todavía más atención.

Existen algunos trucos que podemos seguir para que beban más:

  • Aprovechar el momento de tomar la medicación para ofrecer un buen vaso de agua en lugar de solo la cantidad necesaria para tragar la medicina.
  • Hacer que estas personas puedan acceder de manera fácil a los líquidos, que tengan agua a mano en todo momento y en recipientes que sean fáciles de manejar, como botellas pequeñas o vasos que no sean muy pesados.
  • Asegurarse de que durante los periodos de mayor riesgo de deshidratación, como con la llegada del calor, la persona vaya a ingerir al menos litro y medio de agua a lo largo del día. Establecerlo como una norma.
  • Ofrecer líquidos de manera constante a lo largo del día. Es muy probable que la persona no vaya a tener sed o que no vaya a beber por sí misma, por eso hay que insistir. No tiene que ser necesariamente agua, aprovecharemos para que la persona beba lo que más le guste, como por ejemplo té, infusiones o zumos.
  • Hidratar a través de la alimentación. Hay alimentos que ayudan mucho a la hidratación de las personas. Las frutas y verduras tienen un alto contenido de agua; algunas, como la sandía o los tomates, en un altísimo porcentaje. Pepino, pimiento, apio o los vegetales de hoja verde son una excelente opción.

Dra. Naiara Fernández
Especialista en Geriatría de IMQ Igurco

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