Cuida tus ojos en invierno y evita el ojo seco

Debemos cuidar nuestros ojos durante todo el año y aunque no existen dolencias oftalmológicas específicas para cada época, en invierno hay que tener especial cuidado con los efectos que pueden ocasionar las inclemencias meteorológicas propias de la temporada invernal: las temperaturas frías y el viento, que son causa de los mayores problemas oculares asociados a esta estación del año. Asimismo, es época propicia para que empeoren las consecuencias del ojo seco.

Las agresiones que suponen para los ojos pueden ser un problema importante si la salud de la superficie ocular no es buena, es decir, si la lágrima protectora es deficiente, bien porque sea escasa, por su mala calidad o si existe una inflamación crónica del borde de los párpados, conocida como blefaritis.

ojo seco

En estas situaciones es básico el uso de lágrimas artificiales o de lubricantes oculares que mantengan sana la película lagrimal. Incluso, el uso de gafas puede proteger los ojos y disminuir los síntomas que, habitualmente, suelen ser de lagrimeo, irritación y rojez. Además, es de gran ayuda mantener una higiene específica de los párpados en la zona de las pestañas mediante lociones, geles o toallitas específicas. A este respecto, hay estudios que avalan la administración de antiinflamatorios naturales como el Omega 3 (dentro de estas sustancias el DHA sería el más interesante), que ayudan a rebajar la hinchazón palpebral, mejorando la calidad de la lágrima y con ello de la superficie ocular. El DHA se encuentra en comprimidos preparados ya en farmacias o herboristerías y también en los alimentos con alto contenido en esa sustancia como los pescados azules.

Síndrome del ojo seco

Consecuencia de esas inclemencias puede ser, asimismo, el agravamiento del llamado síndrome del ojo seco, una falta crónica de suficiente lubricación y humedad en la superficie ocular por disminución de la cantidad o calidad de la lágrima natural.

ojo seco síntomas

Clasificada según la gravedad de la sequedad en leve, moderada y grave, esta enfermedad es en la actualidad la más frecuente, ya que la padece entre un 10 y un 15% de la población. Las mujeres son las más afectadas, sobre todo durante la menopausia.

Los síntomas que puede provocar son picor, irritación, sensación de arenilla, escozor, fotofobia –intolerancia a la luz excesiva–, visión borrosa, dificultad para abrir los ojos al despertar, lagrimeo, reflejo frente a situaciones que agreden al ojo… Aparte de los factores genéticos ambientales, algunos medicamentos o un traumatismo pueden desencadenar también esta dolencia.

Pese a que no hay una curación definitiva para el síndrome del ojo seco, el oftalmólogo aconsejará al paciente medidas ambientales y le prescribirá un tratamiento que aliviará las molestias que se produzcan. Es importante no abandonar el tratamiento, aunque se note mejoría, sin consultarlo con el especialista, ya que esta dolencia suele ser crónica y los síntomas volverían a aparecer.

+ No hay comentarios

Añadir uno