¿Por qué se tiene hipo?

Aunque todas las personas han sufrido alguna vez un episodio de hipo, en contadas ocasiones se sale de una inoportuna molestia. Sin razón aparente, dura unos pocos minutos y desaparece tal y como ha llegado. No obstante, conviene señalar que existen casos aislados en los que su efecto se puede alargar durante semanas y generar complicaciones como insomnio, pérdida de peso, estrés emocional e incluso el bloqueo de la aurícula ventricular.

Por contextualizar, el hipo es un fenómeno reflejo, una contracción espasmódica, involuntaria y repetitiva del diafragma y los músculos del tórax –de 2 a 60 por minuto– que provoca una inspiración súbita de aire. Aunque no se conocen bien los mecanismo neurológicos que originan este síntoma, todo indica que existe una conexión entre los centros cerebrales, el hipotálamo, el sistema respiratorio, el nervio frénico y los músculos costales inspiratorios.

Hipo transitorio

El hipo más habitual, denominado transitorio, es inofensivo y afecta por igual a hombres y mujeres. Se puede producir por:

  • distensión gástrica tras una comida copiosa,
  • ingesta en exceso de bebidas gaseosas, alcohólicas
  • exceso de tabaco
  • cambios térmicos ambientales repentinos.

Hipo persistente

En cambio, cuando dura más de 48 horas, se considera que es un hipo persistente (singultus) y se da, por razones no bien conocidas, más en hombres. Puede estar causado por diversas enfermedades, como neumopatías, afecciones neurológicas, trastornos del aparato digestivo –hernia de hiato, distensión abdominal– o de las vías respiratorias altas, junto con patologías cardiovasculares o metabólicas como la diabetes. También determinados fármacos como los barbitúricos pueden estar detrás de su aparición.

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¿Cómo tratar el hipo?

En cuanto al tratamiento, consiste en abordar la causa que lo provoca. Por ejemplo, si es a consecuencia de un reflujo esofágico, se administra un inhibidor de la secreción ácida como el Omeprazol o la Famotidina. Sin embargo, en la mayor parte de los casos se desconoce el origen del hipo, por lo que se suelen aplicar una larga serie de remedios caseros de fiabilidad dudosa.

No obstante, existen maniobras que buscan regular la respiración cuya eficacia sí está demostrada. Las llamadas maniobras vagales se llevan a cabo por el especialista para tratar el hipo persistente y consisten en hacer lavados gástricos con agua helada o aplicar otras medidas que interfieran en la respiración normal, como realizar una apnea forzada o respirar en una bolsa de plástico para aumentar las concentraciones de CO2 en sangre. La estimulación vagal también se consigue bebiendo agua repetidamente, traccionando la lengua o frotando la zona de la campanilla con un bastoncillo, lo que activa la inervación del fondo de la zona de la faringe.

En cuanto a los fármacos, destaca el Baclofeno, que produce una buena respuesta al actuar sobre el sistema localizado en el segmento superior de la médula espinal relajando los músculos y disminuyendo el número e intensidad de los espasmos. Las soluciones quirúrgicas se aplican de manera excepcional, por lo que se reservan para los casos clasificados como intratables. Consisten en diversas técnicas, como la ablación del nervio frénico o el bloqueo epidural en la zona de las cervicales, entre otras.

El hipo en el feto y en el recién nacido

Mediante ultrasonidos se ha demostrado que el feto puede tener hipo a partir de las 8 semanas del comienzo de la gestación, antes de que aparezcan los movimientos respiratorios. Según algunas hipótesis, los movimientos de hipo en el feto preparan los músculos respiratorios para realizar su función inmediatamente después del nacimiento.

El hipo de los adultos podría ser la reminiscencia de estos reflejos primitivos. Este síntoma, que afecta al 80% de los recién nacidos, puede durar hasta media hora y su frecuencia disminuye a partir de los 6 meses. Para evitarlo, es recomendable buscar un ambiente relajado y tranquilo para dar de comer al bebé, así como hacer pequeñas interrupciones durante la toma.

Iñaki Riaño otorrinolaringologíaDr. Iñaki Riaño Astobieta
Médico especialista en Otorrinolaringología de IMQ

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