Primeros auxilios: manual de urgencia


Si la población conociera y aplicara las técnicas de primeros auxilios en los instantes inmediatos a un suceso, cada año se podrían evitar muchas muertes y lesiones derivadas de estos incidentes. Tanto es así que donde las personas saben cómo realizar técnicas de reanimación cardiopulmonar, como en los Países Bajos y Suecia, las tasas de supervivencia pueden llegar hasta un 40%. En nuestro entorno la situación es distinta: cada año sólo el 5% de quienes sufren una parada cardiorrespiratoria fuera del hospital logra sobrevivir.

Sin llegar al extremo de tener que realizar las maniobras de resucitación, que debe dejarse en manos de profesionales si no se cuenta con la preparación adecuada, en cualquier accidente se puede ayudar de muchas formas a los heridos. Y es que conviene ser conscientes de que de la asistencia que reciba el accidentado en esos primeros momentos va a depender en gran medida su evolución posterior y, en ocasiones, su propia vida. De ahí la importancia de saber prestar primeros auxilios correctamente. Si la víctima está consciente, es decir, responde a los estímulos, habría que preguntarle, en primer lugar, qué ha pasado, cuándo y cómo para poder dar más información a la hora de llamar a los servicios de urgencia.

En caso de haber perdido el conocimiento, se debe pedir ayuda inmediatamente y comprobar si tiene pulso y respira. De hecho, las personas sin nociones de primeros auxilios lo único que tienen que hacer es llamar a urgencias y procurar el confort del paciente abrigándole sin movilizarle, intentando que no tenga dificultades mecánicas para respirar. Si se percibe que hay alguna hemorragia, lo más indicado es apretar fuerte en el lugar para detenerla o, en última instancia, hacer un torniquete.

Proteger y reanimar

La recomendación general y más útil es sólo actuar si se tiene seguridad en lo que se va a llevar a cabo. En caso de duda es preferible no hacer nada, porque es probable que el auxilio que se preste no sea adecuado y que contribuya a agravar su estado, con hemorragias internas u otro tipo de daños como lesiones en la columna, fracturas o la extensión de quemaduras.

Salvo que su vida corra peligro, es fundamental insistir en que nunca se debe movilizar al herido ni, si la víctima es un motorista, quitarle el casco. La extracción de este elemento protector de la cabeza por manos inexpertas podría causar lesiones medulares o cervicales.

Por tanto, las conductas más importantes para este tipo de situaciones serán proteger a la víctima y al resto de personas del foco que origina la emergencia. Además, por nuestra seguridad, hay que evitar tomar contacto con sangre, secreciones, fluidos biológicos y materiales contaminantes o desconocidos.

Una vez alertados los servicios de emergencia, se deben poner en práctica las medidas de auxilio imprescindibles. Una actuación para cuando la persona ha dejado de respirar y el corazón no palpita consiste en combinar respiración boca a boca para suministrar oxígeno a los pulmones y compresiones cardíacas que mantienen la sangre oxigenada y en circulación hasta que se puedan restablecer las constantes vitales. También se precisan en muchos casos de este tipo maniobras para evitar el atragantamiento hasta que llegue el personal entrenado que se hará cargo de la situación.

 

zaldumbide Pedro López Zalduendo

Médico de IMQ, Especialista en Medicina General