Principales problemas visuales en la infancia

La visión es un sentido que, tras el nacimiento, no está completamente desarrollado, por lo que un correcto control durante la infancia es más que recomendable para prevenir y controlar problemas visuales en la infancia. Desde el nacimiento, lentamente se va desarrollando la visión, que alcanza un 60% a los 4 años y llega definitivamente al 100% hacia los 8 o 9 años.

Durante los primeros doce meses, uno de los principales motivos de consulta es el lagrimeo, debido en la mayor parte de los casos a un mal funcionamiento de la vía lagrimal. Si un bebé presenta la pupila blanca o desvía los ojos a partir de los 6 meses es motivo de revisión preferente.

Durante el crecimiento, las patologías más importantes son el estrabismo (alteración en la alineación de los ojos) y los errores refractivos, es decir, el exceso de hipermetropía —defecto en el enfoque que generalmente se manifiesta con una visión borrosa de cerca— y el astigmatismo (visión distorsionada a cualquier distancia) en uno o ambos ojos. La miopía (visión deficiente de lejos) suele aparecer en la adolescencia o preadolescencia, pero también puede hacerlo en los primeros años, lo que obliga a la utilización de gafas y, en ocasiones, lentes de contacto. La hipermetropía es la percepción borrosa de los objetos cercanos.

No adoptar medidas correctoras puede derivar en el ojo vago (ambliopía), que es una agudeza visual por debajo de lo esperable para la edad y que si se queda sin tratar, se convertirá en crónica. Esta afección se suele abordar con la colocación de un parche sobre el ojo dominante. En algunas ocasiones estos problemas refractivos provocan dolores de cabeza, dificultades de lectura y escritura o mal rendimiento escolar y, en otras, conducen a un estrabismo, que en ocasiones precisa de intervención quirúrgica para su corrección.

Detectar a tiempo los problemas visuales en la infancia

La infancia es el momento de tratar precozmente los problemas visuales más frecuentes que pueden influir en una alteración de este proceso natural. Todos los problemas citados tienen solución si se descubren a tiempo, lo que permite optimizar las agudezas visuales. Del mismo modo, existen otras afecciones menos frecuentes como el daltonismo, las cataratas, el nistagmus —movimiento incontrolable e involuntario del ojo— las distrofias de retina o el glaucoma y otras potencialmente más graves, que se pueden detectar en una revisión oftalmológica pediátrica.

Se recomienda acudir a consulta en torno a los tres años en niños que no presentan síntomas e incluso antes si existen antecedentes familiares —padres o hermanos—, o ante cualquier sospecha de disfunción visual detectada por sus progenitores, el colegio o el pediatra. A partir de los diez años, aparece con frecuencia la miopía, por lo que conviene consultar al oftalmólogo si aparece un déficit en la visión lejana.

Habitualmente, el tratamiento de los problemas visuales en la infancia va a determinar el pronóstico visual de ese niño e incluso, en ocasiones, puede desenmascarar una enfermedad sistémica, razón por la que cada vez existe una mayor concienciación sobre la utilidad de los controles en la infancia.

Dra. Marta Galdós Iztueta
Especialista en Oftalmología de IMQ

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