Cuando la fatiga se vuelve crónica

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una enfermedad muy compleja de detectar y tratar. Se caracteriza por una sensación de cansancio intensa e invalidante para el individuo que a pesar del descanso no disminuye ni mejora y que puede empeorar con la actividad física y mental. Esta fatiga no es explicable por ninguna otra razón y se suele acompañar de dolores, flojera, debilidad muscular post-esfuerzo y alteraciones en el sueño, en la concentración y en la memoria.Esta enfermedad de origen desconocido y fundamentalmente femenina merma la calidad de vida del 1% de la población.

Se puede decir que el SFC es una patología grave y multisistémica e incapacitante debido a los trastornos inmunológicos, neurológicos, neuromusculares y neuroendocrinos que comporta. En Euskadi se calcula que podría afectar a entre un 0,7 y un 1% de la población. Las mujeres con edades entre los 20 y los 40 años serían las más afectadas con un 85% del total. Cabe subrayar que en los últimos años ha habido un aumento de los casos detectados gracias a la capacidad de los médicos de llegar a su diagnóstico y conocimiento. El paciente acude a consulta por un cansancio excesivo que le impide realizar sus tareas habituales y la calidad de vida comienza a mermar. La base fundamental del diagnóstico se inicia con el descarte de otras enfermedades que pudieran presentar síntomas similares, además de valorar si concurre la sintomatología –deben coincidir cuatro o más de los mencionados de manera persistente o con recaídas– durante medio año o más desde el momento que empieza a manifestarse.

Aliviar síntomas

Si bien es cierto que todavía no se sabe exactamente cuál es su causa, los estudios realizados muestran que el SFC afecta a muchos sistemas del organismo y especialmente al nervioso e inmune. Asimismo, existen pruebas fehacientes de que ciertas infecciones virales pueden desencadenar este síndrome como la mononucleosis infecciosa, la meningitis y hepatitis virales, y aunque con menor frecuencia las infección por bacterias u otros organismos.

Aunque no existe un medicamento o pauta que cure el SFC, hay formas de abordar el problema que pueden hacer sentir mejor al paciente y controlar la situación. Lo primero es tratar los síntomas: el dolor con relajantes musculares y analgésicos habituales; la ansiedad y depresión mediante ayuda psicológica y terapia del comportamiento cognitivo­conductual, así como establecer rutinas de sueño. Además, es conveniente seguir una dieta saludable y nutritiva. También se ha demostrado que la capacidad para aprender a alcanzar un buen equilibrio entre actividad y descanso proporciona muy buenas expectativas para la recuperación.

MAGDALENA MÚGICA PORTILLODRA. MAGDALENA MUGICA PORTILLO Médico de IMQ, especialista en Medicina General