Síndrome postvacacional, consejos para evitarlo

El síndrome postvacacional se produce cuando falla la adaptación a la vida laboral habitual después de un período vacacional o de ocio. Este síndrome puede manifestarse a través de síntomas psíquicos o incluso físicos que en cada persona pueden ser diferentes pero que acarrean un gran malestar con la situación. Respecto a su prevalencia, puede afectar a cualquier persona, si bien algunas tienen más probabilidades de sufrirlo. En concreto, depende de la relación que cada persona mantenga con su trabajo y con sus vacaciones, a sabiendas de que la mayor parte de las personas mantienen una relación más positiva con sus vacaciones que con su trabajo.

En este contexto, cuando la relación con el trabajo es muy mala, tendemos a idealizar las vacaciones hasta extremos en los que parecen lo único esperado en todo el año laboral, sin tener en cuenta que es un periodo limitado y corto, y por ello la vuelta se hace excesivamente dura. En esta vuelta no solo tenemos nostalgia de las vacaciones ideales pasadas, sino que denigramos aún más que antes nuestro trabajo. De esta forma, cuanto peor sea la relación con nuestro trabajo, más tendemos a idealizar las vacaciones y por tanto a denigrar nuestro empleo.

Síntomas del síndrome postvacacional

En cada persona la sintomatología del síndrome postvacacional puede resultar diferente. Es muy importante saber que es normal sentir algo de pesar al volver al trabajo después de las vacaciones, pero siempre que esta sensación se vaya diluyendo a lo largo de los días no hay por qué preocuparse. Es habitual hasta cierto punto añorar las vacaciones y el placer que representan y repudiar las obligaciones con la responsabilidad y estrés que acarrean.

Sin embargo, cuando el malestar se manifiesta de una manera muy intensa y duradera, quizá sería recomendable pararse a pensar qué nos está pasando y si es necesario pedir ayuda profesional. La sintomatología puede abarcar desde sentimientos de tristeza y nostalgia excesivos, abatimiento, desesperanza, sentimiento de falta de realización personal, estrés excesivo, insomnio, etc. hasta sintomatología física como cansancio excesivo, palpitaciones, sueño excesivo, gran dificultad para levantarse por las mañanas, dolores musculares, etc.

Tratamiento del estrés postvacacional

El síndrome postvacacional se trata en primer lugar con la máxima empatía y comprensión posible. Es una situación hasta cierto punto comprometida a nivel social. Cuando una persona comenta a sus allegados que atraviesa un síndrome postvacacional, éstos habitualmente tienden a restarle importancia con frases como “ah claro, a ti te gustaría vivir siempre de vacaciones, “no sabes tú nada”, “hoy en día estáis hechos unos blandos”, “si quieres vivir hay que trabajar”, “te quejas de vicio”.

Este tipo de respuestas no hacen sino aumentar todavía más el sufrimiento de la persona y su autoculpabilización. Por eso, es preciso brindar la comprensión y empatía necesarias para que esa persona pueda encontrarse mejor consigo misma y en un ambiente acogedor y de confianza. A medida que se le brinda comprensión y empatía, se exploran las razones por las cuales la persona mantiene una relación tan mala con su trabajo y por tanto ha idealizado en exceso sus vacaciones.

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Esta exploración puede ser larga ya que los matices de la relación que mantenemos con este área de nuestra vida pueden ser muchos y en cada persona diferentes. Habitualmente suelen ser malas relaciones con jefes y/o compañeros, sobrecarga de trabajo, condiciones laborales poco dignas, sentimiento de no reconocimiento por los demás o por la propia persona, falta de realización personal a través de trabajo, etc.

Cuando se detecta en consulta cuáles son los matices de la mala relación con el trabajo, se explora cuál es el grado de responsabilidad de la propia persona en que esa relación se mantenga así y las razones (normalmente de carácter profundo) por las que la mantiene. Si dentro de ese grado de responsabilidad se pueden hacer cambios, la relación con el trabajo normalmente mejora.

A medida que uno se siente mejor consigo mismo, aumenta su autoestima y eso le hace sentirse mejor en todas las áreas de su vida, incluida la del trabajo. Pero cuando las condiciones de trabajo forman gran parte del problema y son inmutables, llega el momento de poner en la balanza la posibilidad de un cambio y en esta balanza es preciso integrar los aspectos positivos y negativos del trabajo para poder tomar la mejor decisión posible y que esta sea pausada y reflexionada.

Consejos prácticos para evitar el síndrome postvacacional

Mantener una buena relación con nosotros mismos

Aunque pueda parecer de perogrullo, intentar mantener una buena relación con nosotros mismos a través del trabajo. Esto implica muchas cosas, pero entre ellas, salir del mismo con la conciencia tranquila de que hemos cumplido con nuestro cometido, pero también sabiendo cuáles son nuestras limitaciones.

Evitar sobrecargas

Las limitaciones han de ser expresadas con asertividad a los compañeros y jefes para no caer en sobrecargas que a la larga generan estrés, síndromes postvacacionales y demás situaciones desagradables. Es importante tener muy claro qué se espera de nosotros y qué no, y que podemos dar y qué no. Se debe establecer ese “contrato” con nosotros mismos y nuestros compañeros de manera que la presión y la incertidumbre se mantengan controladas. Sólo eso va a hacer que la relación con nuestro trabajo sea mejor.

Aún a día de hoy cobra mayor importancia si cabe, debido al tipo de sociedad en la que vivimos, donde cada vez se pide más a menor precio y donde las limitaciones propias y ajenas son vislumbradas como algo negativo. Esto no hace más que alentar las exigencias propias y hacia los demás en pos de unos ideales inalcanzables, generando un estrés brutal que se traduce muchas veces en patología mental y física. Traducido al trabajo, genera burnout, estrés, etc.

Conocer nuestras fortalezas y limitaciones

Es de vital importancia conocernos, con nuestras fortalezas, pero también con nuestras limitaciones, aceptándolas, y transmitiéndolas si es necesario en situaciones desbordantes. Con ello, los ideales dejan de ser tan ideales y nos persiguen y estresan menos, y en definitiva vivimos más tranquilos.

Buscar nuestras propias motivaciones

A la vuelta de las vacaciones es preciso ser conscientes de que ese “bajón” es pasajero e intentar buscar cierta motivación en nuestro trabajo, ya sea a través de la propia actividad o de las relaciones con los compañeros. También es bueno buscar motivaciones fuera del trabajo, que nos permitan cortar con una dinámica laboral negativa. Si todo esto falla y comenzamos con síntomas, es mejor buscar ayuda profesional.

Mikel Solana psicólogo IMQ AMSA

Mikel Solana
Especialista en Psicología de IMQ-AMSA

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