Reanimación cardiaca, alertar y actuar

La reanimación o masaje cardíaco es vital a hora de disminuir la cifra de muerte por infarto y es que las enfermedades cardiovasculares son la causa más importante de mortalidad a nivel mundial. A ello hay que sumar el enorme impacto adicional que supone en calidad de vida y gasto sanitario. Algunas patologías coronarias pueden desencadenar una muerte súbita, cuya incidencia es superior a la de los accidentes de tráfico. Unas 1.000 personas fallecen por esta causa cada año en el País Vasco, lo que se traduce en una media de tres muertes al día; una de cada tres corresponde a personas menores de 65 años.

El aprendizaje masivo de las técnicas de reanimación ayudaría a salvar la vida de hasta un 40% de esos 1.000 vascos que mueren cada año por un paro cardíaco ya que el tiempo es un factor crítico de cara a la supervivencia.

Cada minuto sin actuar cae un 10% la probabilidad de seguir con vida. En este sentido, las cifras indican que tan sólo el 10% de las personas que sufren un paro cardíaco en Euskadi logran superarlo. Una de las razones de ello es que estas maniobras se realizan en apenas uno de cada cinco casos cuando sucede fuera del centro médico.

Cabe en este punto recordar que está demostrado que una adecuada maniobra de reanimación cardiopulmonar podría ser efectuada por la mayoría de las personas si recibieran formación –se aprende en apenas un par de horas–, lo que hasta cuadruplicaría las cifras de supervivencia.

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Reacción en cadena

La técnica de la reanimación cardiopulmonar forma parte de un conjunto de acciones consecutivas denominadas cadena de supervivencia. Si se da una situación en la que una persona está inconsciente y no respira, el primer paso es alertar a los servicios de emergencia y, a continuación, comenzar el masaje cardíaco y utilizar un desfibrilador si se tiene a mano hasta que llegue el personal sanitario.

Actualmente, las maniobras de reanimación suponen efectuar compresiones torácicas sincronizadas con ventilaciones boca a boca con una secuencia de 30:2. Pero la tendencia es a simplificar esta actuación por la dificultad de hacer la ventilación de manera correcta.

El masaje debe realizarse con el paciente boca arriba y sobre una superficie dura. Se aplica en medio del esternón, más o menos a la altura de las mamilas. El reanimador se sitúa a un lado de la víctima y coloca el talón de la mano en esta posición. La otra mano se posiciona encima entrelazando los dedos para evitar que se apoyen fuera del esternón. Los brazos se colocan extendidos y perpendiculares al tórax, y con el cuerpo erguido se carga el peso para conseguir, con el menor esfuerzo físico, la mayor eficacia posible. La relación del tiempo compresión/descompresión debe ser 1:1, con una cadencia de aproximadamente 100 compresiones por minuto y una profundidad de entre 4 y 5 centímetros.

Dr. Javier Pérez Asenjo Médico de IMQ. Especialista en CardiologíaDr. Javier Perez Asenjo

Especialista en Cardiología en IMQ