Psicólogo en el Centro Médico IMQ Abendaño
«Papá, ¿me dejas el móvil?». Es una de las frases que más se repiten en los hogares de hoy, y para muchas familias viene acompañadas de situaciones tensas. No es para menos: las redes sociales tienen una doble cara innegable. Por un lado, abren un mundo infinito de comunicación, entretenimiento y aprendizaje, pero por otro, esconden sombras que pueden descolocar a cualquiera. En una etapa donde los menores se adentran en el mundo digital mucho antes de que su cerebro esté preparado para gestionarlo, el ecosistema online se convierte en un terreno resbaladizo. ¿Cómo podemos entonces acompañarles y protegerles de los riesgos que conllevan sin caer en la prohibición ni perder su confianza?
Recomendaciones para evitar los riesgos de las redes sociales en la adolescencia
Ante toda nueva tecnología, es imprescindible educar a la juventud para que conozca sus mecanismos, alcances y consecuencias. Conviene proporcionar información que sirva de guía para evitar los efectos perjudiciales para sí mismos o para el entorno, de manera que hagan un uso saludable de las redes sociales. Contar con los recursos y proporcionar las herramientas necesarias previene y protege de situaciones que puedan suponer riesgos para ellos.
Consejos para orientar en el uso de las redes sociales
El uso seguro y responsable de las redes sociales en la adolescencia previene de muchos problemas y depende en buena parte de haber recibido una formación que les ayude a construir capacidades y habilidades adecuadas.
1. El perfil
Ayudarles a crear un perfil privado que solo se comparta con personas de confianza es indispensable para evitar la conexión con usuarios poco convenientes. También es necesario asegurar el perfil con una contraseña fuerte, ajustar la configuración de privacidad para evitar el acceso no autorizado, así como evitar descargas y enlaces sospechosos. Conviene instruirles para que sepan cómo bloquear otros perfiles ante experiencias desagradables.
2. Los contenidos
En cuanto a los contenidos, es importante enseñarles a que sean útiles, veraces, no discriminatorios y respetuosos con los datos de carácter personal. Recibir o emitir contenido donde se difunden prejuicios basados en la etnia, el género, la orientación sexual, una discapacidad o la religión son inaceptables, y pueden comprometer al usuario. Por otra parte, el uso de un lenguaje inapropiado y la divulgación de bulos o noticias falsas puede traer consecuencias de diversa índole o dañar la reputación del perfil.
Una actividad muy útil es revisar en conjunto contenidos elegidos al azar en diferentes redes sociales, y hacer una evaluación. Esto facilita que los y las adolescentes vayan desarrollando un criterio propio para identificar los que son poco convenientes. De esta manera, se fomenta una actividad saludable en las redes sociales.
3. Informar acerca de los riesgos de las redes sociales
Internet es una ventana abierta al mundo, por la que entran y salen informaciones y contenidos. El contacto o intercambio indiscriminados con cualquier perfil puede traer problemas como el ciberacoso, la suplantación de identidad, la pérdida de privacidad y la desinformación.
En este sentido, es indispensable explicar los mecanismos implicados en cada uno de estos peligros y las repercusiones que conllevan, para que puedan ser detectados precozmente. También hay que instruirles para que comuniquen a las personas adultas cercanas cualquier actividad sospechosa.
4. Limitar el tiempo de uso
Parte de los problemas que generan las redes sociales se relacionan con el uso excesivo y la interferencia que esto produce. El uso de aplicaciones para poder controlar el tiempo que pasan en ellas o limitar el empleo a ciertos horarios, así como fomentar las actividades alternativas, como la lectura o las salidas en familia son unas de las herramientas más recomendables. Pasar demasiadas horas al día frente a una pantalla puede conllevar que aparezcan los siguientes efectos:
• Adicción.
• Fatiga y desregulación emocional
• Insomnio
• Baja autoestima por dependencia de la validación externa (likes, seguidores, comentarios).
• Conductas compulsivas (compras, apuestas, videojuegos, consumo de pornografía).
• Desarrollo del síndrome FOMO (Fear Of Missing Out).
• Aislamiento y pérdida de interés en actividades sociales, escolares y familiares.
• Sedentarismo.
• Bajo rendimiento escolar.
En este sentido, es fundamental dar ejemplo. De nada vale limitar el uso del móvil a un máximo de dos horas al día si los padres o sus referentes lo utilizan para revisar constantemente sus propias redes sociales.
5. Vigilar el uso problemático de Internet
El uso problemático de internet se define como el “uso generalizado e impulsivo de Internet que conlleva consecuencias negativas a nivel físico, emocional, social y funcional.”
Ante la preocupación por contenidos lesivos —como conductas de alto riesgo, autolesiones o trastornos de la conducta alimentaria—, la tentación habitual es ejercer una vigilancia estricta y revisar los dispositivos. Sin embargo, la evidencia psicológica demuestra que el control invasivo suele destruir la confianza, empujando al adolescente a ocultar aún más su comportamiento. La verdadera barrera de protección no es la supervisión policial, sino fomentar un canal de comunicación seguro y abierto donde el menor se sienta libre de pedir ayuda cuando la pantalla empiece a sobrepasarle.
¿Cuál es la edad recomendada para tener redes sociales?
No existe en estos momentos una regulación específica que establezca un límite mínimo de edad para acceder a las redes sociales. Existe una norma que deriva del Reglamento de Desarrollo de la Ley Orgánica de Protección de Datos, que prohíbe a cualquier entidad registrar los de los menores de 14 años sin consentimiento de los padres.
Sin embargo, la realidad de los datos dista mucho de la teoría: los niños, niñas y adolescentes aprenden pronto cómo saltarse los requisitos. Como resultado, casi el 12 % de los niños de 9 y 10 años crean perfiles en las redes sociales, cifra que aumenta con la edad, para alcanzar un 68 % en los preadolescentes de 10 a 12 años. En contextos como el de Euskadi, el 81,5 % de los niños, niñas y las adolescentes utilizan Internet de manera habitualdesde los 11 años, superando la media estatal.
Aunque las redes sociales son un buen recurso para encontrar personas con intereses afines, informarse y desarrollar aficiones, transitar por ellas durante las etapas más sensibles del crecimiento —como la preadolescencia y la adolescencia temprana— expone a los menores a riesgos que a menudo no se ven a simple vista: desde los algoritmos diseñados para atrapar su atención o la presión constante por encajar y la comparación social. Con un cerebro que todavía está madurando y en el que la necesidad de validación externa es muy intensa, navegar sin rumbo por el mundo digital puede resultar abrumador. Por eso, la guía, el diálogo y el acompañamiento activo de la familia no son una opción, sino la mejor brújula para garantizar un uso seguro y saludable.




