Especialista del Aparato Digestivo y enfermedades del hígado en IMQ Zorrotzaurre
Este órgano tiene que hacer un sobreesfuerzo para filtrar el alcohol, y más aún si el consumo se hace ‘en atracón’.
Cada vez vemos más personas jóvenes con el hígado dañado por el alcohol. Muchas de ellas no se consideran grandes bebedoras. Salen el fin de semana, hacen botellón, txikiteo, y entre cuadrilla todo parece normal. Pero el hígado pasa factura, y lo hace antes de lo que imaginamos.
Un informe de 2024 de la Organización Mundial de la Salud estima que 2,6 millones de muertes en el mundo se atribuyeron al consumo de alcohol, el 4,7% de todas ellas, con especial impacto entre los 20 y los 39 años. Es decir, la franja de edad en la que muchas personas en Euskadi salen más, disfrutan del ocio nocturno y suelen minimizar los riesgos.
El hígado es el gran filtro del cuerpo: limpia toxinas, ayuda a digerir las grasas y participa en muchas funciones básicas. Cuando bebemos alcohol, ese filtro trabaja a marchas forzadas para descomponerlo y expulsarlo. Si el consumo se mantiene en el tiempo, pueden aparecer acúmulo de grasa (hígado graso), inflamación (hepatitis) y cicatrices irreversibles (cirrosis), con riesgo de cáncer.
Además de la cantidad ingerida, incluye cómo se hace. El patrón denominado ‘en atracón’ o ‘binge drinking’ es el típico de muchos fines de semana: cinco o más bebidas seguidas en unas dos horas en hombres, cuatro o más en mujeres. Este patrón se ha relacionado con un daño hepático especialmente intenso, además de
más accidentes de tráfico, caídas, peleas... En la última encuesta Estudes, Euskadi aparece entre las comunidades con mayor proporción de adolescentes (23,1%) que se han emborrachado en los últimos 30 días. Empezar a beber antes de los 15 años aumenta el riesgo de trastorno por consumo de alcohol en la edad adulta.
La cantidad segura es cero
Durante años se habló de consumo moderado y de supuestos beneficios cardiovasculares del vino. Estudios recientes publicados en The Lancet son claros: no se puede establecer un nivel de consumo de alcohol que sea completamente seguro para la salud. Cuanto menos, mejor. Esto no significa que tengas que cambiar tu vida de un día para otro, pero sí que merece la pena pararse a pensar qué lugar ocupa el alcohol en tu ocio y qué
estás dispuesto a arriesgar.
Conviene consultar si notas alguno de estos signos: cansancio injustificado, pérdida de apetito o de peso; hinchazón abdominal o de piernas, color amarillento de la piel o los ojos; y analíticas alteradas del hígado.
El cuidado de este órgano pasa por reducir o, mejor aún, evitar el alcohol, mantener un peso adecuado, hacer actividad física y seguir una alimentación rica en frutas, verduras y alimentos frescos.
Desde IMQ y CVADi se anima a las personas de Euskadi a revisar su relación con el alcohol y a consultar ante la mínima duda. Tu hígado no se queja al principio, pero recuerda todo.




