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Beneficios y contraindicaciones del calzado barefoot

Zapatos barefoot
Ángela Yenes
Podóloga en IMQ Abendaño

Tus pies son únicos y merecen un calzado que se adapte a ellos, no al revés. El calzado barefoot ha llegado con fuerza a las calles vascas y es normal que te preguntes si son tan buena idea como prometen. Se trata de un tipo de zapatos y zapatillas diseñados para imitar la sensación de ir descalzo. Suelen tener suela muy fina y flexible, puntera ancha para que los dedos no choquen entre sí, ‘drop’ cero (sin talón elevado), sin soportes rígidos en el arco, materiales suaves, transpirables, sin costuras internas que rocen.

La idea es sencilla: que la musculatura de tu pie y tu tobillo vuelvan a hacer su trabajo, en lugar de delegarlo en la amortiguación del zapato. Esto mejora la sensibilidad de la planta (propiocepción) y favorece una pisada más natural.

Ventajas del calzado barefoot

En pies sanos y sin patologías, el calzado barefoot puede aportar varias ventajas. No son un milagro, pero sí una herramienta interesante –usada con cabeza– ya que fortalecen la musculatura intrínseca del pie y mejoran la movilidad de las articulaciones pequeñas.

Permiten además que los dedos se expandan y disminuyen el riesgo de deformidades ligadas a hormas estrechas.

Aumentan también la propiocepción, algo clave al caminar por terrenos irregulares, muy habituales en zonas verdes y de montaña de Euskadi.

En niños y niñas sin alteraciones de la pisada, un calzado respetuoso y flexible ayuda a que el pie se desarrolle de forma más libre. Eso sí, siempre con supervisión profesional si notas algo raro al andar.

Cuándo no son buena idea

Aquí viene la parte importante: no todo el mundo puede usar calzado barefoot sin riesgo. Y menos todavía hacerlo de golpe. Si llevas años con tacones o calzado muy amortiguado, tu musculatura posterior (gemelos, sóleo, tendón de Aquiles) no está preparada para un cambio brusco.

Otras señales claras de precaución son tener pies valgos o cavos marcados, fascitis plantar, acortamiento de gemelos, artrosis avanzada o desgastes muy irregulares en la suela. Los estudios muestran más riesgo de lesiones por sobrecarga y fracturas por estrés cuando la transición a minimalista se hace demasiado rápida.

Antes de llenar el armario de barefoot, da un paso atrás. Lo primero es pedir cita con podología para una valoración biomecánica completa en la que se analiza la forma de pisar, la movilidad articular y la fuerza de tu musculatura, además de revisar lesiones previas.

A veces la mejor opción es una combinación: calzado respetuoso para el día a día, y otro tipo de zapato o plantillas personalizadas para deporte o trabajo. Si tras la valoración son adecuados para ti, la palabra clave es progresivo. Empieza en casa o con paseos cortos por superficies blandas, y aumenta tiempo y distancia poco a poco, escuchando cualquier señal de dolor.

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