Anosmia: la vida sin olfato


La anosmia (pérdida total del olfato) o la hiposmia (pérdida parcial) suponen en muchas ocasiones un motivo de consulta médica. Aunque en la especie humana no está muy desarrollado –el perro posee una capacidad olfativa 20.000 veces superior–, el sentido del olfato aporta una valiosa información del entorno en el que vivimos, tanto para disfrutar de los aromas de la comida, la bebida y los perfumes, como para prevenir posibles riesgos al permitir detectar un escape de gas, el humo de un incendio o, en el caso de la higiene, olores corporales.

Se calcula que aproximadamente el 2% de la población sufre anosmia o falta total de olfato y que alrededor del 15% la padece de forma parcial, de tipo temporal o crónica, a lo largo de su vida. Cabe señalar en este sentido que también disminuye la capacidad para percibir los sabores, de manera que su deficiencia se relaciona con pérdida del sentido del gusto.

 

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La anosmia se debe, fundamentalmente, a dos motivos. Por un lado, a las patologías que impiden que el aire llegue a los receptores olfativos situados en la parte alta de las fosas nasales, como el catarro común, las rinitis (alérgicas, vasomotoras, infecciosas, medicamentosas…), la sinusitis, una desviación del tabique nasal, la hipertrofia de los cornetes (estructuras nasales que se encargan de filtrar el aire), tumores etc . Por otro lado, influyen las patologías del aparato receptor nervioso y de la vía nerviosa central en el caso de los traumatismos craneoencefálicos, envejecimiento o enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Además, es importante recalcar que una pérdida de olfato de varias semanas de duración en una persona de edad media puede indicar la existencia de poliposis nasosinusal, es decir, el crecimiento de carnosidades benignas dentro de las fosas nasales que impiden la llegada del aire a la parte superior de la nariz.

Diagnóstico y tratamiento de la anosmia

En la vida diaria hay una serie de olores (perfumes, frutas, café, vino, etc.) que son habituales y su ausencia o distorsión es una señal de que algo pasa con el olfato. En general, una pérdida temporal tras pasar una infección viral de las vías respiratorias superiores suele recuperarse en los días siguientes.

En cambio, se debe acudir a consulta cuando la anosmia sea persistente (varias semanas) o incluso empeore con el paso de los días; y con más razón si se notan otros síntomas como obstrucción nasal, cefalea, mucosidad, sangrado, pérdida de memoria u otro deterioro neurológico.

El médico realizará un historial clínico con preguntas relacionadas con el comienzo de los síntomas, el grado de afectación, si es sólo a determinados olores, si también hay deterioro del gusto, si tiene síntomas de resfriados o alergias, qué tipo de medicamentos está tomando, antecedentes de traumatismos craneoencefálicos o de operaciones nasales o neurológicas…

Si fuese necesario, se puede someter al paciente a diversas pruebas como una endoscopia, una resonancia craneal o una olfatometría. Una vez detectada la causa de la anosmia, su tratamiento suele incluir la administración de corticoides por vía nasal u oral, antihistamínicos y antibióticos. La cirugía está indicada en ciertos casos, con intervenciones nasosinusales vía endoscópica para tratar sinusitis crónicas, hipertrofia de cornetes, poliposis y algunos tumores. Las pérdidas de olfato de tipo neurosensorial tienen, en general, peor pronóstico para su recuperación.

 

anosmia-Dr. Iñigo Ucelay Vicinay Especialista en Otorrinolaringología IMQ

 

Dr. Iñigo Ucelay Vicinay
Especialista en Otorrinolaringología IMQ

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