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Moluscos contagiosos, una infección común en la infancia

molusco contagioso
Dr. Martín Llera y Dr. Borja Elgoibar
Pediatras del Centro IMQ Barakaldo

El molusco contagioso es una infección viral crónica y produce lesiones con particularidades que las hacen fácilmente identificables. Se observan con frecuencia en los niños y su tratamiento está dirigido a eliminarlas o evitar que el microorganismo se propague. La información que encontrarás en este artículo responderá a muchas de tus preguntas.

¿Qué es el molusco contagioso?

Aunque clásicamente se ha tipificado como una enfermedad de transmisión sexual (ETS), se contagia de diversas maneras siendo en los niños lo más frecuente la transmisión por contacto con iguales o bien la contaminación en piscinas. El agente causal es el virus llamado Molluscum contagiosum, que pertenece a la familia Poxviridae, por lo que se considera un poxvirus.

Este virus afecta únicamente a los queratinocitos, que se encuentran en la capa basal de la epidermis. Por esa razón, la infección no se disemina hacia otros tejidos u órganos. Se trata de las células encargadas de la producción de queratina, una proteína fibrosa que protege la piel y tiene funciones estructurales.

¿Cuáles son las causas del molusco contagioso?

El contacto sexual, piel con piel o bien con objetos infectados (fómites) son las formas de transmisión más habituales, produciéndose además dicho contagio con mucha facilidad, incluso a través del agua de las piscinas. Las lesiones cutáneas son elevadas y están llenas de virus, que pueden dispersarse a su vez a otras partes del cuerpo en la misma persona (autoinoculación).

Si tienes este tipo de bultos, tocarlos con los dedos o con cualquier objeto, como una máquina de rasurar, diseminará el virus con rapidez. Por tal motivo, lo mejor es que permanezcan siempre cubiertos, así como evitar, en la medida de lo posible, el contacto directo con las personas enfermas o sus pertenencias.

Síntomas del molusco contagioso

Después del contagio, que es mucho más frecuente en los niños, el virus comienza a reproducirse dentro de la piel durante un periodo de incubación que va de dos semanas hasta seis meses.

Posteriormente, aparecen bultitos característicos en las áreas que han entrado en contacto con el microorganismo. Pueden verse fundamentalmente en el tronco o en la cara y, cuando se presentan en los genitales, hablaríamos de síntomas propios de una ETS, si bien en el caso de los niños en muchas ocasiones son consecuencia de un fenómeno de autoinoculación.

Este tipo de enfermedades va en aumento, según la Unidad de Enfermedades de Transmisión Sexual de Euskadi. En cualquier caso, las lesiones tienen las siguientes características:

  • Son redondeadas, protuberantes y duras.
  • Su aspecto es como el de la cera o el nácar, o pueden estar enrojecidas.
  • No causan dolor y solo, ocasionalmente, existe inflamación con picor (prurito) asociado.
  • Su tamaño varía de uno a cinco milímetros, aunque en personas inmunosuprimidas crecen más y alcanzan los 15.
  • Son umbilicadas, con una pequeña depresión central.

El médico realiza el diagnóstico mediante la inspección de los bultos. Hay que establecerlo claramente, diferenciándolas de las producidas por otras patologías como el condiloma acuminado o la verruga vulgar. La varicela o el herpes simple tienen lesiones distintas, en forma de vesículas con líquido en su interior.

Tratamientos y remedios

Estas lesiones se eliminan por razones estéticas cuando afectan al aspecto del paciente. La otra razón es controlar la diseminación del poxvirus. Sin embargo, lo habitual es que desaparezcan espontáneamente en un lapso que va desde algunos meses o dos años, aun sin tratamiento.

Evitar las complicaciones es importante en algunos casos. El rascado o la erosión de las lesiones por otras causas, puede derivar en una sobreinfección bacteriana y, al curarse, pudiera quedar como resultado una cicatriz residual. Si esto sucede cerca de los ojos, hablaríamos de una conjuntivitis o queratitis.

Los tratamientos disponibles están agrupados en dos clases: la extracción por medios físicos y el uso tópico de sustancias irritantes, o mediante su inyección, dentro de las lesiones.

Extracción por medios físicos

Es posible emplear distintos métodos, con previa anestesia local. En el raspado (curetaje) se emplean instrumentos cortantes para eliminar las capas superficiales de la piel y con ellas el poxvirus. El nitrógeno líquido se usa para congelarlas y el electrocauterio para cauterizar mediante electricidad acabando así del mismo modo con el virus en cuestión.

Sustancias irritantes

Los productos más utilizados son el hidróxido de potasio, ácido retinoico, el peróxido de benzoílo, la podofilotoxina y el ácido acetilsalicílico o tricloroacético. De todos estos productos, quizás el más extendido y empleado por parte de los pediatras sea el hidróxido de potasio dada su fácil manera de aplicación y la existencia de productos específicos que así la faciliten, pudiendo además tener lugar perfectamente en el ámbito doméstico y por parte de los padres.

La tretinoína y la cantaridina causan mínimo dolor y son también indicadas para los niños. La segunda de ellas produce una ampolla que desprende la lesión del molusco contagioso y después cicatriza sin dejar marca. Con todo, hay que aplicar estas sustancias en varias sesiones, y en ocasiones, resulta más eficaz combinarlas con medios de erradicación físicos.

Prevención del contagio

Impedir que el poxvirus se propague es importante, ya que, como te comentábamos anteriormente, es muy contagioso. Mantener las lesiones cubiertas con un apósito impermeable es necesario siempre, pero más aún si la persona va a bañarse en una piscina o en el caso de los niños, que deberán seguir asistiendo a la escuela.

Es conveniente abstenerse de intercambiar objetos de uso personal y de mantener relaciones con personas infectadas, hasta que las lesiones se eliminen. Hay que lavarse las manos con frecuencia y no tocar las lesiones.

En resumen, el molusco contagioso es una enfermedad de origen viral muy común debido a que se disemina con mucha facilidad. Prevenir el contagio y tratar las lesiones, especialmente cuando aparecen en los niños, es la mejor manera de controlarla.

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