Insomnio: noches demasiado largas


Responsable de numerosos accidentes y de otros problemas de salud, el insomnio es una patología que influye de manera directa en la calidad de vida y una de las quejas más frecuentes entre la población.

Raro es quien alguna vez no ha pasado una noche sin dormir por preocupaciones u otros motivos. Sin embargo, como problema de salud, y, en mayor o menor medida, puede llegar a afectar hasta al 30% de la población .

El principal síntoma del insomnio es la dificultad para conciliar el sueño o para seguir durmiendo. Así, es posible que una persona pase mucho tiempo acostada antes de poder dormirse o que duerma sólo a ratos, que sienta como si no hubiera dormido nada o que se despierte temprano. Además, provoca dificultad para concentrarse, cansancio, angustia, depresión o irritabilidad.

Por poner sólo una cifra, más de 100.000 accidentes automovilísticos al año son causados por alteraciones del sueño. Otra consecuencia más: estudios realizados en mujeres mayores de 70 años indican que el insomnio aumenta el riesgo de sufrir caídas. Por ello, cuando esta patología afecta a la vida cotidiana, hay que acudir al médico. En este sentido, se trata de un trastorno cada vez más frecuente en las consultas.

No sólo los médicos han descubierto la relevancia de este tipo de enfermedades en la salud global del paciente, también la población en general está cada vez más sensibilizada. Así, los hospitales que cuentan con unidades de sueño tienen consultas monográficas de insomnio para intentar solucionar este problema desde una perspectiva multidisciplinar (psicólogos, psiquiatras, neumólogos, etc.).

Causas físicas y psicológicas

El insomnio puede deberse a enfermedades, trastornos del sueño y alteraciones psiquiátricas. Entre estas causas, destacan el dolor crónico, las alteraciones del sueño en todo su espectro, enfermedades respiratorias, cardiológicas y, sobre todo, la menopausia y los sofocos. En otro orden de factores, también puede estar condicionado por el estrés y la situación social y económica del entorno, sobre todo si se perpetúa en el tiempo. Buen ejemplo de ello se ha vivido con la crisis económica y las consecuencias que ha tenido para muchas familias.

Terapia cognitivo conductual

El tratamiento del insomnio tiene actualmente dos vías: la farmacológica y la terapia cognitivo conductual. No son excluyentes. La terapia fomenta los buenos hábitos de sueño, alivia la ansiedad y enseña qué hacer si no podemos quedarnos dormidos en un tiempo razonable, como evitar los pensamientos angustiosos o no planificar la siguiente jornada de trabajo. Este tratamiento funciona tan bien como las medicinas y su combinación puede hacer que disminuya la necesidad de fármacos en cantidad o en tiempo.

 Infusiones y pastillas

Existen productos de venta libre que prometen mejorar el insomnio. Entre ellos, está la melatonina (suplemento que potencia la acción de la hormona del cerebro que regula el ciclo sueño-vigilia) y el L-triptófano (aminoácido que ayuda a mejorar el sueño). Al no estar regulados estos productos, la dosis y la pureza puede variar, desconociéndose su eficacia real ni si son tan inofensivos como se aduce.

Siestas cortas

Una siesta de menos de una hora puede aliviar los efectos de no dormir bien. Si es más larga, esa mayor necesidad de descanso puede deberse a que la persona sufre apneas que le impiden disfrutar de un sueño reparador En cuanto al perfil del insomne, cabe señalar que afecta en una mayor proporción a mujeres, ancianos, personas de un nivel socio-económico alto y a los que padecen una enfermedad psiquiátrica.

 

Javier Egea, médico especialista en neumología de IMQ

CARLOS JAVIER EGEA

Médico de IMQ, especialista en Neumología