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Embarazo después de los 40 años o más: riesgos y controles

Embarazo después de los 40 años o más: riesgos y controles
Dr. Fernando Mozo de Rosales Fano
Especialista en Ginecología en IMQ

Desde los años 80 del siglo XX se ha producido una disminución drástica del número de hijos e hijas en el País Vasco, con un índice de 1.20 por cada madre (Índice de fecundidad según Eustat en el bienio 2019-2020).

Esto ha venido acompañado de un retraso en la edad de maternidad, con un aumento del número de embarazos después de los 40 años que actualmente superan el 10% de nuestros partos (11.52% datos eustat en el segundo semestre 2021) y menos del 20% de las menores de 30 años (19,67% datos Eustat segundo trimestre 2021).

Esta demora paulatina se da, sobre todo, en las menores de 35 años, ya que en las últimas dos décadas han aumentado los embarazos en mujeres mayores de esa edad hasta contabilizar casi la mitad de nuestros nacimientos (45.75% en el Segundo semestre 2021 datos provisionales Eustat). De hecho, en Euskadi, durante el segundo semestre de 2021 8 de cada 10 nacimientos fueron protagonizados por mujeres que superaban la treintena (80,32% datos eustat segundo semestre 2021). Recordemos que, en los años 70, el 90% de las mujeres eran menores de 30 años cuando tenían su primer hijo, mientras que en 1990 este porcentaje bajó al 75%. Existe, sin lugar a dudas, un cambio social que lleva a postponer la fertilidad en la pareja.

En este artículo analizamos las causas, consecuencias y principales peligros de la maternidad tardía. 

Por diversas circunstancias, las mujeres han venido variando su ritmo de vida y, en ocasiones, ello les obliga a posponer el embarazo hasta una edad tardía. En otras situaciones, se trata de una decisión meditada para priorizar su carrera profesional, buscar una mayor estabilidad económica o también por no tener pareja. Lo cierto es que hace poco más de una década las gestantes de edad eran casos excepcionales, pero en los últimos años la incidencia se ha multiplicado por 10.

Los especialistas consideran edad materna avanzada si se da a luz con 40 años o más. En el futuro, las embarazadas con estas edades serán mucho más frecuentes, por lo que urge elaborar protocolos específicos para estas mujeres ya que muchas de ellas no son conscientes de todas las consecuencias del retraso de la maternidad y se les debe informar que, biológicamente, la mejor edad para tener hijos se sitúa entre los 20 y los 35 años.

Consecuencias de la maternidad tardía

Dentro de las complicaciones más comunes, cabe distinguir entre las que son previas al embarazo, las que se producen durante la gestación o con posterioridad a él. Es conveniente señalar que la fertilidad comienza a decaer a partir de los 30 años y esa caída es todavía más acusada a partir de los 37 años.

Más riesgo de aborto

Existe un mayor peligro de sufrir abortos espontáneos durante la gestación, la posibilidad de perder al hijo durante el embarazo se cifra en un 25% en mujeres de 35 a 40 años, subiendo al 50% para quienes están en la horquilla de 40 a 44 años y al 90% para el grupo de más de 44.

Riesgos para la madre

En mujeres embarazadas a partir de los 40 años hay un aumento de las enfermedades preexistentes como, por ejemplo, diabetes, hipertensión, enfermedades autoinmunes, miomas y obesidad.

Aunque en nuestro medio el índice de mortalidad materna es muy bajo, el riesgo es 5-10 veces mayor que a la edad de 25-29 años, sobre todo debido a trastornos hipertensivos, tromboembólicos y hemorrágicos.

El parto después de los 40

La mayoría de las mujeres podrán tener partos normales, pero hay más riesgo de cesárea y de parto instrumental.

El diagnóstico de diabetes gestacional, la preeclampsia – complicación asociada a la hipertensión– y las alteraciones en la placentación son un conjunto de peligros que puede llevar a un parto prematuro. Además, la tasa de cesáreas es mayor a estas edades.

Peligros para el feto de la maternidad tardía

Cuando hablamos de los riesgos para el feto preocupan, sobre todo, las anomalías cromosómicas, siendo el síndrome de Down la más importante, que aparece en 1 de cada 40 embarazos a los 40 años y en 1 de cada 12 a los 45.

Aunque el riesgo nunca es cero, afortunadamente los profesionales están adecuando los controles a este cambio. Existen técnicas de screening de cromosomopatías muy potentes, como el DNA fetal en sangre materna, que con nulo riesgo para el embarazo permite descartar en más del 99,5% los síndromes de Down. También se están desarrollando estos métodos analíticos para los déficits de placentación. Por último, se vigila especialmente la necesidad de administrar heparina para aminorar el riesgo de sufrir tromboembolias.

Controles en maternidades tardías

Por todo ello, es muy importante el control previo y el seguimiento durante el embarazo para vigilar las enfermedades preexistentes y disminuir el riesgo de aborto.

En algunos casos es además necesario recurrir a la donación de óvulos y se debe ofrecer a estas mujeres las técnicas de cribado y de diagnóstico prenatal disponibles en cada momento para identificar posibles anomalías cromosómicas.

Si hay alto de riesgo de preeclampsia –hipertensión durante el embarazo– es necesario tomar medidas preventivas con medicación específica. Por otro lado, hay que descartar la diabetes gestacional en el primer y segundo trimestre y, a veces, también en el tercero.

El riesgo de muerte fetal en mujeres de 40 a 44 años a las 39 semanas de gestación es comparable al de las de 25 a 29 años a las 42 semanas. Dependiendo de los factores de riesgo añadidos, se deben ofrecer pruebas de bienestar anteparto desde la semana 37 y la posible inducción del parto en la semana 39.

La clave: la consulta preconcepcional

En cualquier caso, para empezar el embarazo en las mejores condiciones posibles, es imprescindible acudir a una consulta preconcepcional. Ésta es fundamental para identificar factores de riesgo y poder prevenir posibles complicaciones. Es necesario controlar enfermedades preexistentes o enfermedades autoinmunes (lupus) y fomentar hábitos saludables como suprimir el tabaco y el alcohol. También llevar una dieta equilibrada y hacer ejercicio físico regularmente.

Es muy importante, además, empezar el embarazo con un peso adecuado ya que la obesidad puede provocar graves complicaciones. Hay que prevenir enfermedades infecciosas que puedan afectar al feto (vacunas de rubeola, de varicela, de hepatitis B) y dar suplementos de ácido fólico antes del embarazo para prevenir defectos del tubo neural.

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