Cardiólogo de IMQ especializado en rehabilitación cardiaca
Sobrevivir a un problema de corazón abre una etapa de recuperación que se aborda desde un enfoque multidisciplinar. La rehabilitación cardiaca se define como el conjunto coordinado de actividades dirigidas a mejorar la causa de la enfermedad cardiovascular y a conseguir la mejor situación física, mental y social posible. No solo busca que la persona lleve una vida lo más normal posible, sino que aspira a un funcionamiento
óptimo, enlenteciendo o incluso revirtiendo la progresión de la enfermedad mediante un estilo de vida saludable.
Tras un infarto, existen dos formas de vivir más: vivir más años y estar más vivo; eso es la rehabilitación cardiaca.
Tal y como resume la doctora Raquel Campuzano, «un cateterismo te salva la vida, pero la rehabilitación cardiaca te la devuelve».
¿Para qué pacientes está indicada la rehabilitación cardiaca?
Aunque los primeros programas se centraron en personas que habían sufrido un infarto, hoy en día la rehabilitación cardiaca se dirige a un amplio abanico de pacientes:
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quienes han tenido un infarto agudo de miocardio o angina de pecho (donde más evidencia hay, con reducciones de mortalidad de hasta un 50%)
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quienes han pasado por un cateterismo terapéutico o una cirugía cardiaca
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pacientes con insuficiencia cardiaca
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hipertensión pulmonar
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claudicación intermitente
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personas con múltiples factores de riesgo (diabetes, hipertensión, obesidad, tabaquismo, etc.), incluso sin enfermedad cardiaca establecida.
¿Cuáles son los componentes de la rehabilitación cardiaca?
La recuperación integra varios ejes que van desde el trabajo específico en el cambio de hábitos en dieta, ejercicio o sueño –siempre desde la información y el acompañamiento–, hasta la administración de fármacos con un control de los objetivos y efectos secundarios. Desde un punto de vista psicosocial se aborda la vuelta al trabajo, bajas e incapacidades, la conducción y los problemas de salud mental asociados (ansiedad, depresión,
cardiofobia, hipocondría), identificándolos y ofreciendo soluciones. Y tampoco se dejan de lado ni la sexualidad ni otros factores relacionados con la salud, como el cuidado de la boca y el resto de patologías con un enfoque global.
Las intervenciones se organizan en tres fases. La primera corresponde al ingreso hospitalario, donde se realiza la
valoración inicial, se programan pruebas y consultas, se inicia la medicación y se comienza con la fisioterapia. En la segunda fase, tras el alta, se diseña un plan personalizado que incluye contactos repetidos con distintos profesionales y sesiones supervisadas de ejercicio ajustadas al estado físico y emocional.
Por último, el mantenimiento ocupará el resto de la vida del paciente, con hábitos saludables instaurados, tratamiento crónico y seguimiento por los especialistas, consolidando la autonomía y el autocuidado.




