Cardiólogo de IMQ en el centro médico IMQ Alhóndiga
Si alguna vez has sentido que el estrés te aprieta el pecho, no estás exagerando. Cuerpo y mente van juntos. Y cuando una parte sufre, la otra suele enterarse. En cardiología hemos puesto el foco en arterias, válvulas, arritmias o insuficiencia cardiaca. Y muchas veces hemos dejado la salud mental para otro despacho. Pero hoy sabemos que esa separación no ayuda. El bienestar mental, definido como el estado que permite a las personas hacer frente al estrés diario desde el optimismo y la satisfacción personal, ha demostrado estar asociado a un menor riesgo cardiovascular. Y funciona en los dos sentidos.
Cuando la salud mental se resiente, el riesgo cardiovascular sube. La depresión aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, especialmente insuficiencia cardiaca y fibrilación auricular. Influyen factores como que cuesta más moverse, se come peor, se pierde red social y la vida se vuelve más sedentaria.
La ansiedad también se ha relacionado con más arritmias e insuficiencia cardiaca. Y, además, con peor adhesión a hábitos cardiosaludables, sobre todo por el tabaquismo. El trastorno de estrés postraumático, por su parte, aumenta el riesgo cardiovascular entre el 20% y el 50%.
Y no solo hablamos de cuadros frecuentes. En la enfermedad mental grave (como esquizofrenia, trastorno bipolar o depresión mayor recurrente) el corazón sufre aún más. Aquí se mezclan muchos ingredientes: trastornos del sueño, peor adhesión a la medicación, consumo de alcohol y, en algunos casos, efectos de ciertos tratamientos que favorecen el aumento de peso o alteraciones metabólicas.
Impacto psicológico tras un infarto
Ahora dale la vuelta: Un problema de corazón también puede afectar a tu salud mental. Tras un infarto o una arritmia es común sentir miedo, ansiedad o ánimo bajo, e incluso síntomas de estrés postraumático. En enfermedades crónicas, como la insuficiencia cardiaca, puede aparecer pérdida de autoestima y más sensación de dependencia.
Los datos impresionan. Tras un síndrome coronario agudo, se estiman síntomas depresivos en el 40% de las mujeres y el 22% de los hombres menores de 60 años. En mayores de 60 años, en el 21% de mujeres y el 15% de hombres. En insuficiencia cardiaca, la prevalencia estimada de depresión es del 33% en mujeres y del 26% en hombres.
¿Qué podemos hacer? La Sociedad Europea de Cardiología ha publicado un consenso para integrar la salud mental en la atención cardiovascular: detectar síntomas con cuestionarios validados, estudiar la creación de equipos 'psico-cardio' y aplicar una asistencia escalonada basada en la comunicación eficaz, apoyo psicológico, cambios de estilo de vida y, si hace falta, tratamiento farmacológico y derivación.




