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Una espalda sin dolor

Una espalda sin dolor
Dr. Antón Arrien
Especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica de las Clínicas IMQ Zorrotzaurre y Virgen Blanca y del Centro Médico IMQ Colón

Nadie escapa de sufrir en ocasiones molestias o dolor de espalda.
El problema surge cuando estos dolores se hacen insoportables e impiden
a quien los sufre llevar una vida normal. Dentro de estos problemas de
espalda se enmarca la hernia discal. Aunque varía mucho de unos pacientes a otros, ésta tiene generalmente que ver con  la degeneración de los discos que existen entre las vértebras.

Factores que influyen

La hernia discal puede producirse por la edad o por los movimientos repetitivos a los que se somete a esta parte del cuerpo. Se localiza sobre todo en el cuello, en las cervicales y en la parte baja de la espalda, en concreto, en la zona lumbar.

Por lo general, suele darse a partir de los 20 años. Los casos en los que se producen lesiones antes de esa edad son contados. A medida que vamos haciéndonos mayores perdemos elasticidad, esos discos se deshidratan y abomban hasta llegar a desplazarse de su posición inicial. En la aparición de las hernias también influye el tipo de vida que lleve el paciente, las posturas y la práctica de algunos deportes, entre otros hábitos.

En cuanto a los síntomas que deben alertar sobre esta lesión, el más común es un dolor en la extremidad inferior (territorio ciático) que puede variar desde molestias mínimas hasta ir incrementándose y ocasionar dificultad para andar.

Su diagnóstico se realiza con los síntomas que presente el paciente y la exploración posterior que lleve a cabo el especialista.

También se pueden hacer otras pruebas como resonancias magnéticas (diagnóstico por la imagen) o el estudio electromiográfico
(diagnóstico por la función del nervio ciático), que son mucho más
precisas a la hora de ver dónde se sitúa la hernia de disco y a qué
estructuras puede afectar.

Rehabilitación y/o intervención quirúrgica

Sobre los tratamientos que se llevan a cabo, en la actualidad existen varios métodos. El 95% de las hernias son susceptibles de curarse a través de reposo y rehabilitación
por lo que la decisión de someterse o no a una intervención quirúrgica
viene dada por la capacidad de aguante del paciente. Hay personas que
pueden convivir con una hernia y otras a las que les imposibilita llevar
una vida normal y prefieren pasar por el quirófano.

En cuanto a la
intervención quirúrgica, se recomienda cuando la hernia es muy grande,
existe lesión en los nervios o no mejora con tratamiento médico
. El paso por el quirófano en la mayoría de los casos no reviste grandes dificultades. Se suele tardar unos 40 minutos en hacer una incisión para quitar la compresión que esté ocasionando el desplazamiento del disco. Aunque es una cirugía mayor, por lo general son operaciones agradecidas.

Problemas más frecuentes

1. Hernia discal lumbar y ciática. La ciática es un síntoma que consiste en la irritación del nervio ciático, lo que origina una neuritis.
La causa más frecuente es la hernia de disco lumbar. Su característica
principal es el dolor por el territorio ciático (de ahí su nombre),
aunque también se suele acompañar de hormigueos localizados en la zona
del muslo y la pierna.

2. Escoliosis. Es otro problema de espalda frecuente que consiste en una deformidad de la columna vertebral caracterizada por una desviación de la espalda. Se suele dar en niños y adolescentes,
y puede seguir progresando hasta que acaba el crecimiento. En la
mayoría de los casos, la escoliosis no requiere tratamiento, aunque
cuando es grave se recomienda utilizar un corsé ortopédico.

3. Reuma.  El reumatismo consiste en una inflamación dolorosa que afecta a los músculos, a las articulaciones. Entre los diferentes tipos de reuma que existen, puede afectar a la zona de la espalda y entonces se llama espondilitis. En el cuidado de la espalda es muy importante la higiene de las posturas y el entrenar los músculos que la sujetan.

Una espalda sin dolor

La recomendación es llevar una vida activa, aunque conviene ser precavidos con algunos hábitos. Es importante mantener una buena higiene postural, es decir, no forzar la espalda al agacharse ni realizar movimientos bruscos.

Por otro lado, conviene también tener en cuenta el efecto de algunos deportes de impacto para la espalda, como la práctica de footing.
Salir a correr puede parecer un ejercicio de lo más completo ya que es
cómodo y económico, pero para la espalda puede ser muy perjudicial. En
cambio, practicar natación cuatro días a la semana o
quince minutos diarios de gimnasia ayuda a fortalecer las musculatura
abdominal y espinal en aras de dificultar el desplazamiento del disco u
otras lesiones.

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