Comunicación con mayores con demencia avanzada

La siguiente historia ficticia, que refleja miles de historias reales, nos muestra los problemas de comunicación a los que se enfrentan quienes cuidan a personas con demencia avanzada:

Mª Luz fue diagnosticada de una demencia cuando tenía 67 años. Era una mujer jóven, de gran vitalidad, y su esposo nunca imaginó que con la jubilación fuese a vivir lo que estaba viviendo.

Cuando se encontraba en la fase moderada de la enfermedad, ingresó en una residencia, debido a que presentaba determinadas necesidades sanitarias que no podían ser atendidas en su domicilio.

Su esposo pasaba con ella la mayor parte del día, paseando, leyendo… siempre pensé que me gustaría que me cuidasen de esa manera.

Con el tiempo, su esposo dejó de transmitir esa alegría y serenidad habitual. Según la demencia avanzaba, no entendía a su esposa, su lenguaje se volvía cada vez más pobre, incoherente, e inexistente, no tenía iniciativa para hablar, etc.

Con tiempo y ayuda descubrió una nueva manera de comunicarse con ella, descubrió que la comunicación ya no tenía una función informativa sino una función afectiva. ya no resultaba tan importante lo que ocurría en el mundo, sino transmitir cercanía, apoyo y cariño.

Descubrió que las palabras ya no tenían tanta utilidad y lo efectivo era el lenguaje no verbal. Aprendió a leer las señales no verbales de su esposa, no sabía su nombre pero sabía que era la persona que le cuidaba y le quería. Su mirada le decía cuándo estaba preocupada, enfadada, triste o tenía miedo. Su agitación le indicaba que quería ir al baño, sus gestos le sugerían que tenía hambre, dolor… Ya no grababa sus palabras, pero sí apreciaba sus gestos de afecto hacia ella.

Esta historia nos enseña que podemos perder la cabeza, pero no el corazón. La necesidad de expresarse, de recibir afecto y de comunicarse, permanecen. La memoria emocional se mantiene durante toda la vida. Seguiremos siendo quienes somos, lo que sucede es que serán los que nos cuiden, los que nos dirán quienes somos en cada gesto y muestra de cariño.

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¿Cómo comunicarse con una persona con demencia avanzada?

No intentes razonar

No intentes razonar con una persona que padece demencia avanzada porque no vive en nuestra realidad. Debemos entender su realidad. Es importante que la comunicación verbal y no verbal coincidan y estar atentos a los mensajes no verbales que nos transmita.

Incluye a la persona en las conversaciones

Conviene incluir a la persona en las conversaciones y no hablar en su presencia como si no estuviera, aunque creamos que no nos comprende. Gesticula poco a poco, tócale con cariño y acaríciale para darle seguridad. Pero usa el tacto con respeto, a algunas personas no les gusta que se les toque. Ofrece siempre la mano primero y observa la reacción para saber si le gusta ser tocado o no.

Es importante mirar a los ojos

Mírale a los ojos cuando le hables, poniéndote a su altura. Si la persona está sentada o acostada, siéntate en una silla para estar a su nivel. Esto hará que no se sienta amenazada.

No le hables como a un niño

Háblale suave y claramente, con un tono de voz y un vocabulario propio de una persona adulta. Es conveniente hacer una sola pregunta a la vez. Una afirmación a menudo resulta mejor que una pregunta. Utiliza frases cortas, sencillas, y específicas.

Utiliza el elogio

Elógiale siempre que puedas, es esencial para mantener su autoestima y motivarle.

Llámale por su nombre

Llámale por su nombre y usa su nombre para atraer su atención. Cuando la demencia empeore, es posible que responda mejor a su nombre sin apellido porque es el que recuerda más fácilmente.

Respalda tus palabras con gestos y expresiones faciales

Al hablar acércate por delante para que te vea. Si lo haces por detrás puedes producirle ansiedad. Además, camina lentamente para dar tiempo suficiente a que vea que te acercas.

Eneritz Elgezua
Especialista en Neuropsicología de la Residencia IMQ Igurco Orue

 

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