Ginecólogo en la Clínica IMQ Zorrotzaurre
La menopausia no son “solo sofocos”. Puede traer cambios en el sueño, en el estado de ánimo, sequedad vaginal, molestias al tener relaciones sexuales, ganas de orinar más a menudo, dolor articular o dificultad para concentrarse, entre otros síntomas. No los estás imaginando ni son una cuestión de “edad y punto”. Hay nuevas formas de aliviarlos, ¿conoces los medicamentos no hormonales de nueva generación?
Síntomas de la menopausia, muchas más que sofocos
Los sofocos y sudores nocturnos siguen siendo el motivo más frecuente de consulta al ginecólogo con la llegada de la menopausia, y afectan a la mayoría de las mujeres en esta etapa vital en algún momento. Pero junto a ellos aparecen:
- Trastornos del sueño, cansancio y dificultad para “tirar del día”.
- Cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, nervios, sensación de estar “desbordada”.
- Sequedad y picor vaginal, dolor en las relaciones sexuales y más infecciones de orina, lo que se conoce como síndrome genitourinario de la menopausia.
- Molestias articulares, pérdida de masa ósea y cambios en la distribución de la grasa corporal.
No todas las mujeres tienen todos los síntomas ni con la misma intensidad. Lo importante es que, si te están restando calidad de vida, merece la pena hablarlo en la consulta médica.
Tratamientos no hormonales que ayudan en esta etapa
Cuando los síntomas son molestos, pero no hay indicación clara de terapia hormonal, o cuando esta está contraindicada o no la deseas, entran en juego los tratamientos no hormonales. Entre ellos:
- Fármacos que alivian los sofocos: antidepresivos en dosis bajas (algunos ISRS/IRSN), gabapentina o clonidina pueden reducir la frecuencia e intensidad de los sofocos y mejorar el sueño en muchas mujeres.
- Fezolinetant (Veoza): es el primer medicamento no hormonal diseñado específicamente para sofocos moderados-intensos, que actúa bloqueando un receptor (NK3) en las neuronas que regulan la temperatura en el cerebro. Se toma una vez al día, empieza a hacer efecto en las primeras semanas y ha demostrado mejorar sueño y calidad de vida, incluso en mujeres que no pueden recibir hormonas, como muchas pacientes con antecedentes de cáncer de mama sin tratamiento activo.
- Otros apoyos: para el síndrome genitourinario se usan hidratantes y lubricantes vaginales; para el dolor articular o el insomnio pueden plantearse tratamientos específicos, siempre individualizados.
Estos medicamentos no hormonales no lo solucionan todo, pero permiten “bajar el volumen” de los síntomas y combinarlos con cambios de hábitos, fisioterapia de suelo pélvico, apoyo psicológico o terapia sexual cuando hace falta.
¿Cuándo la terapia hormonal es la mejor opción?
La terapia hormonal en la menopausia sigue siendo el tratamiento más eficaz para los sofocos intensos y otros síntomas relacionados con la falta de estrógenos cuando no hay contraindicaciones. En general se valora sobre todo en:
- Mujeres menores de 60 años o dentro de los 10 años posteriores a la última regla, con síntomas moderados o severos que afectan claramente a su calidad de vida.
- Mujeres con riesgo de osteoporosis o fractura en las que, además de aliviar síntomas, interesa proteger la salud ósea.
No es adecuada para todo el mundo. Se evita o se estudia con mucho cuidado en caso de antecedentes de trombosis, enfermedad hepática activa o determinados cánceres hormono-dependientes, entre otros. En muchas mujeres vascas con síntomas intensos, la opción que se plantea en consulta es combinar estrategias: desde la terapia hormonal a dosis y vías muy ajustadas, hasta añadir fármacos no hormonales para determinados problemas concretos.
Cada mujer vive la menopausia de manera diferente y el plan de tratamiento debe ser individualizado y adaptarse a ti, no al revés. Por eso es clave contar con una valoración completa: revisar tus síntomas, tus antecedentes, tu medicación habitual y lo que tú esperas de esta etapa. A partir de ahí, tu especialista en Ginecología puede explicarte con palabras sencillas cuándo tiene sentido una terapia hormonal, cuándo es mejor apostar por un enfoque no hormonal o cuándo combinar ambas cosas. No se trata de aguantar, sino de vivir esta etapa con calidad de vida y la mejor salud posible.




