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Médico de cabecera: imprescindible para la salud

Médico de cabecera
Dr. José Pablo García Ortiz
Especialista en Medicina General de IMQ

El médico de cabecera o médico de familia es la puerta de entrada de los pacientes al sistema sanitario, exceptuando los servicios de urgencia. Es, en general, el más accesible de los especialistas para la población y mantiene el contacto esporádico pero recurrente, con la puerta abierta a nuevas consultas.

Ello le da conocimiento profundo de las personas, su vida y los padecimientos de las familias en su conjunto, no siendo raro que cualquiera de nosotros, que llevamos muchos años en una plaza hayamos tratado a los miembros de tres generaciones de la misma familia. Y hemos acompañado en los últimos momentos a muchos de ellos, cerrándoles los ojos, dedicándoles una oración y firmando sus certificados de defunción después de años de acompañamiento.

Tras la Declaración de Alma-Ata en 1978 se puso el germen en España de lo que después sería la especialidad de Atención Primaria, Medicina de Familia y Comunitaria, partiendo de la que todavía es llamada Medicina de Cabecera, porque es ahí, en la cabecera de la cama del enfermo donde acude, aún hoy, a darle los últimos tratamientos, consuelo o el último adiós.

Después, en la década de los ochenta, y sobre todo La Ley General de Sanidad de 1986, le dio el rango de especialidad oficialmente reconocida y articuló la formación de los médicos que la elegían como modo de vivir la medicina. Hoy día esta especialidad se ha convertido en el eje vertebrador de la atención médica.

Atención integral centrada en las personas

Se cambió la antigua práctica por un terreno de acción diferente, basado en nuevos conceptos, formas de organización, oferta de servicios, capacidad resolutiva y más basados en las crecientes evidencias científicas. Ha supuesto un gran cambio y un ingente esfuerzo en la forma de utilización de los recursos sanitarios por parte de los profesionales y de los usuarios. Probablemente su influencia en la evolución de los indicadores de morbilidad y mortalidad de nuestro país sean la mejor expresión de las consecuencias de este cambio de paradigma.

Este modelo de Atención Integral de la Salud se centra en las personas, la familia y la comunidad, con una visión integral de la atención a la persona y con el objetivo de la continuidad de cuidados. De su buen funcionamiento depende en gran medida el desarrollo de listas de espera del resto del sistema y los posibles colapsos hospitalarios.

Funciones del médico de cabecera

Nuestras tareas comprenden la propia recepción del paciente y el inicio del proceso sanitario con la elaboración de la historia clínica, exploración, valoración y enfoque del problema, elaboración de hipótesis de diagnóstico, petición de pruebas, identificación de causas y búsqueda de soluciones y propuestas de tratamiento si están a nuestro alcance.

En caso de no llegar a un diagnóstico o en la necesidad de buscar otras visiones del problema o completar su estudio, deberemos derivar al paciente a otro especialista y hacer la labor de coordinación entre el paciente y los diversos profesionales que tenga que visitar, sean consultas externas o ingresos hospitalarios. El encaje y supervisión de diferentes pruebas, consultas y tratamientos a veces superpuestos, así como la continuidad de cuidados tras dichas consultas o el alta hospitalaria es también parte de nuestra labor.

Después, el seguimiento del paciente mediante consultas sucesivas, visitas a domicilio, emisión de bajas laborales o informes. La valoración del paciente en su conjunto, su entorno familiar y social, su profesión y entorno laboral tienen importancia en la aparición, desarrollo y evolución de muchas enfermedades.

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Atención Primaria y enfermos crónicos

El catálogo de funciones que cumple el médico de cebecera es amplio. Tratamos enfermedades agudas y crónicas cada una con sus matices. Destaca el esfuerzo en explicar, sobre todo en problemas crónicos, por qué y cómo se desarrolla la enfermedad, los cuidados a tener en cuenta, cómo prevenir complicaciones, la justificación del tratamiento, la evolución esperable, las posibles complicaciones, etc.

Conseguir que un paciente crónico sea un experto en su propia enfermedad es una tarea difícil de conseguir y de larga evolución que requiere tiempo, dedicación, muchas consultas sucesivas, a veces a lo largo de años y gran capacidad de acomodo a la receptividad de cada paciente.

Un paciente que entiende en qué consiste su proceso, cómo cuidarse, cómo manejar la medicación, cómo valorar sus síntomas y cómo evolucionan, va a colaborar más eficazmente en su curación, su mejoría o, al menos, aprenderá a mantenerla controlada y a convivir con su patología.

Atención primaria y medicina preventiva

La labor de prevención primaria de enfermedades figura entre las novedades que aportó la nueva Atención Primaria a las consultas con la introducción de protocolos, guías de diagnóstico y tratamientos fruto del consenso de las diferentes sociedades científicas. Quizá este haya sido el gran cambio de la medicina de Atención Primaria desde finales del siglo XX.

La idea de promoción de la salud como objetivo acompañando a la labor “curativa” tradicional ha hecho que el médico de cabecera se involucre en la prevención y tratamiento de la obesidad, de los hábitos tóxicos como el alcohol y, sobre todo, el tabaco, en la promoción del ejercicio físico, de una alimentación sana, de la buena gestión del tiempo de ocio, la inmunización, etc.

La prevención primaria de muchas enfermedades intentando hacer comprender a la población conceptos básicos hoy día como el “riesgo cardiovascular” de cara al cuidado personal a medio o largo plazo son uno de los objetivos primordiales de nuestra labor diaria.

El desarrollo de la tecnología de la imagen, los avances en el estudio molecular, la genética, las neurociencias, la inmunología, el conocimiento íntimo del desarrollo fisiopatológico de muchas enfermedades, en especial de las crónicas, y los avances terapéuticos de todo tipo han hecho de la medicina un gran campo de acción para especialistas y superespecialistas necesarios en cada escenario.

El conocimiento y seguimiento cercano de los estudios que daban rango de evidencia a tratamientos tradicionales o proponían nuevos enfoques terapéuticos ha revolucionado el diagnóstico, tratamiento y el pronóstico de muchos padecimientos, agudos y crónicos.

La conjunción de muchos de estos factores ha hecho que las personas hoy día vivan más años con mayor calidad de vida y más autonomía funcional. Ahora tratamos eficazmente y con celeridad padecimientos de los que fallecían hace unos años muchos pacientes. Ello conlleva más consultas, más pruebas, más diagnósticos, más tratamientos, durante más años de vida y mayor gasto sanitario.

Debemos preparar a muchos de nuestros pacientes, que se hacen nuestros amigos a lo largo del tiempo que les dedicamos, para la jubilación en lo laboral y un envejecimiento que hoy se prevé largo y con una creciente esperanza de vida. Pero con la amenaza de desarrollo de enfermedades y padecimientos propios de edades longevas que antes apenas llegaban a desarrollarse.

Debemos contribuir a que nuestros pacientes se hagan mayores, a veces muy mayores, pero a que no se hagan viejos. Dicho esto último con todo el cariño. Tenemos algunos pacientes que son entrañables viejecitos.

Los problemas o los síntomas que nos presentan a veces nuestros pacientes no son “todos sus problemas” sino solo la expresión de otros, más íntimos y difíciles de aflorar. Debemos tener presentes las explicaciones psicosomáticas de algunos padecimientos y tener los sentidos atentos a los síntomas y signos no verbales y a lo que “no expresan” nuestros pacientes.

Características del buen médico de cabecera

La labor de escucha activa, el desarrollo de la necesaria empatía, la paciencia, las dotes de psicólogo, el conocimiento del alma humana, su emotividad, sus defensas, sus recelos e ideas preconcebidas resultan armas valiosas que solo algunos llegan a desarrollar en plenitud, tras años de experiencia, para ayudar a sanar a sus pacientes de sus padeceres de cuerpo y alma.

La enseñanza y práctica en la entrevista motivacional durante los años de carrera y después me parece un instrumento imprescindible en el ejercicio de la medicina que muchos tuvimos que aprender sobre la marcha tras licenciarnos.

Toda esta labor no sería posible sin un equipo de Atención Primaria en que cuentan como partes imprescindibles las labores de la enfermería, auxiliares, celadores y el personal administrativo junto al personal médico trabajando en equipo.

COVID-19 y Atención Primaria

Durante estos casi catorce meses de pandemia Covid la Atención Primaria española ha demostrado estar a la altura de las circunstancias, acomodándose al cambio de las reglas de juego que ha supuesto para todos la lucha contra el virus.

Actualmente hemos cambiado muchas consultas presenciales a demanda del paciente por consultas telefónicas. La falta de contacto, el distanciamiento, no poder explorar o valorar la expresividad o mirar a la cara a nuestros pacientes está exigiendo una gran capacidad de acomodación a una forma de trabajar a la que no estábamos acostumbrados. Resulta frustrante, por la reserva necesaria ante un posible contagio, esta atención a sabiendas de que podemos dejarnos cosas por el camino sin diagnóstico o dar un tipo de atención de menor calidad y calidez.

Muchos de nuestros compañeros están sufriendo un desgaste profesional muy severo que se ha acrecentado por la pandemia. Se hace por tanto más necesario recordarnos a nosotros mismos la importancia de una vida reglada, ejercicio moderado pero mantenido, desarrollo de aficiones, destrezas y formas de evasión y gestión del tiempo libre, cuidado del peso y los hábitos tóxicos, etc. Para no convertirnos en pacientes de nuestros compañeros.

La labor diaria del médico de cabecera tiene múltiples satisfacciones profesionales y personales. Percibir el agradecimiento explícito por nuestra ayuda no es la más importante. Las compensaciones íntimas que nos supone el saber que hemos ayudado a sanar, al menor sufrimiento, a entender las enfermedades y a convivir con ellas, a dejar hábitos tóxicos o a una buena muerte, así como la mirada esperanzada y el apretón de manos de un anciano que se despide de la vida nos mantienen en la brecha cada día y nos anima a seguir ayudando a los que confían en nosotros.

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