Colon irritable: causas y tratamiento

El colon irritable, también conocido como síndrome del intestino irritable (SII), representa el paradigma de los trastornos funcionales digestivos y se caracteriza por la presencia de dolor o molestia abdominal asociado a cambios en la frecuencia y/o consistencia de las deposiciones. Su incidencia se estima entre el 10 al 15% de la población, siendo más prevalente en mujeres. Aun así, es una patología infradiagnosticada.

Esta patología es más común entre personas menores de 45 años, empezando a padecerla entre los 25 y los 30 años. Las personas que sufran este cuadro pueden padecer otros trastornos como la depresión o la ansiedad, pero no se trata de una patología psicosomática.

Causas del síndrome del intestino irritable

Su causa es desconocida, pero se postulan diversas explicaciones:

  1. Anomalías motoras gastrointestinales. Las personas que padezcan este síndrome pueden presentar mayor actividad intestinal.
  2. Hipersensibilidad visceral. El dolor presente tras las comidas se relaciona con la entrada del bolo alimenticio en el ciego. Se piensa que hay alteración en las vías aferentes del dolor a nivel intestinal.
  3. Trastornos de la regulación del sistema nervioso central. El denominado eje cerebro-intestino explicaría la asociación de trastornos emocionales y la exacerbación de los síntomas.
  4. Posible cuadro postinfeccioso. Se han hecho estudios sobre la posibilidad de que el cuadro apareciera tras una gastroenteritis.
  5. Inflamación de la mucosa. Algunos sujetos con SII presentan inflamación mínima, no visible endoscópicamente, que podría ser responsable de una secreción anormal y la hipersensibilidad visceral.
  6. Alteración de la flora intestinal.
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Síntomas del colon irritable

La clínica es la de un dolor abdominal recurrente con alteración del ritmo de deposiciones, alternando periodos de diarrea con estreñimiento, hinchazón y distensión del abdomen, presencia de gases o flatulencias. A estos síntomas se pueden asociar otros tanto a nivel digestivo, como la sensación de ardor, náuseas o vómitos, así como síntomas extradigestivos tales como mareo, dolor de cabeza, palpitaciones, cansancio y malestar general. Los síntomas pueden agravarse con la ingesta de ciertos alimentos o con temporadas de estrés elevado.

No hay una patología orgánica que justifique el cuadro, además presenta pruebas de laboratorio, imagen y colonoscopia normales. Clásicamente, su diagnóstico ha sido de exclusión, descartándose otras patologías que podrían cursar con síntomas parecidos. No obstante, en la actualidad se tiende a realizar un diagnóstico positivo basado en criterios clínicos, para lo cual se utilizan los criterios de Roma. Estos criterios conocidos desde la década de los 90, han sido recientemente actualizados por cuarta vez en los denominados  criterios de Roma IV. Estos deben existir desde menos 6 meses antes del diagnóstico  y estar presentes de forma recurrente durante los últimos tres meses.

Presencia de dolor abdominal recurrente al menos un día a la semana y asociado a dos o más de las siguientes características:

  • Asociado a defecación
  • Relacionado con un cambio en la frecuencia de deposiciones
  • Relacionado con un cambio de consistencia de las mismas

En cambio, hay una serie de signos y síntomas que nos hacen pensar en un diagnóstico distinto al de colon irritable:

  • Inicio de los síntomas a partir de los 50 año
  • Pérdida de peso no intencionada
  • Sangrado en heces
  • Diarrea o estreñimiento grave
  • Datos sospechosos de enfermedad celíaca: osteoporosis, ferropenia, hipotiroidismo…
  • Antecedentes familiares y personales de cáncer de colon

Testimonio Leire IMQ

Tratamiento del colon irritable

El tratamiento del SII es complejo, ya que se trata de una enfermedad crónica que no tiene cura y por lo tanto ha de individualizarse lo máximo posible para paliar los síntomas. Desde luego, todo comienza con una buena relación médico-paciente para evitar las consultas excesivas y asegurar que el diagnóstico sea lo más certero posible.

La alimentación es un aspecto fundamental que deberá adecuarse al ritmo intestinal en cada momento. Si predomina el estreñimiento, se aconseja una dieta rica en fibra y líquidos. En cambio, si hay hinchazón y diarrea, buscaremos reducir la fibra no digerible de la dieta y el consumo de alimentos astringentes.

Los fármacos son una herramienta útil en el manejo del paciente con SII, si bien hay que tener en cuenta  que estos no funcionan por igual con todos los pacientes. Los medicamentos deben ser prescritos por especialistas, pues su consumo puede ser contraproducente y dañino si no están controlados.

  • Los espasmolíticos (anticolinérgicos) sirven para frenar el dolor abdominal y los retortijones relacionados con los espasmos intestinales. Se recomienda administrarlos unos 30 min antes de la comida para reducir el dolor.
  • La fibra o los laxantes osmóticos combatirán el estreñimiento al aumentar el volumen de los excrementos. La fibra vegetal puede reducir el tránsito de los alimentos en pacientes con tendencia a la diarrea.
  • Los antidiarreicos como el Fortasec (loperamida), Gelsectan (Tanato de gelatina y Xiloglucano) o Mesgasmect (Diosmectita) se utilizarán en los casos de diarrea no controlable. No hay que superar la dosis recomendada porque pueden causar cólicos al incrementar las contracciones del colon.
  • Antidepresivos tricíclicos como la amitriptilina se utilizarán para disminuir la sensibilidad visceral.

Dr. Imanol Onis González

Especialista en Aparato Digestivo de IMQ

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