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¿Te has preguntado alguna vez qué es el bienestar emocional y cómo conseguirlo? En esta guía vamos a explicar qué es el bienestar emocional, qué aspectos nos influyen a la hora de sentir este bienestar, cómo podemos conseguirlo a través de las diferentes terapias que existen y los puntos claves a tener en cuenta.

¿Qué es el bienestar emocional?

Se trata del estado de ánimo óptimo al que aspiramos todas las personas, esos momentos de nuestra vida en los que, simplemente, nos encontramos bien.

Pero ¿cómo podemos alcanzar el bienestar emocional? Es sencillo de decir, aunque, a veces, puede resultar complicado de conseguir. El bienestar emocional se logra a través del equilibrio a nivel espiritual, mental, emocional y físico

Gracias a ese equilibrio somos capaces de hacer frente a los problemas y a las presiones a las que nos enfrentamos en el día a día. Obtener bienestar emocional nos permite desarrollar una vida plena y sana e ir adaptándonos a los cambios sin que esto suponga tener que elevar nuestro nivel de sufrimiento o renunciar a tiempo satisfactorios de felicidad.

¿Qué son las emociones?

Para entender plenamente qué es el bienestar emocional, debemos comprender qué son las emociones. Las emociones son un proceso psicológico, una combinación de lo que percibimos a nuestro alrededor, la manera en la que reaccionamos a ello y lo que nos mueve a actuar. Las emociones se sienten en el cuerpo y generan las sensaciones.

La duración y la complejidad de las emociones varía de una persona a otra. No todos las sentimos del mismo modo ni las afrontamos igual. Nuestra capacidad de reacción produce un estado psicológico general que puede ser adaptativo o desadaptativo. A su vez, ese estado puede tener una duración corta o larga y una mayor o menor intensidad. 

Robert Plutchick y Paul Ekman son los dos investigadores más reconocidos a nivel internacional en el campo de las emociones. Gracias a los estudios de ellos y otros expertos, se ha llegado a la siguiente clasificación de las emociones:

  • Según su cantidad. La mayoría de los expertos coinciden en que existen entre 4 y 8 emociones en función de la terminología utilizada o de si todas se agrupan en una sola. 
  • Según su función. Las emociones tienen 3 funciones:
    • Social: ya que nos sirven para influir en los demás y comunicarnos con ellos. 
    • Adaptativa: nos ayudan a adaptar nuestro organismo a nuevas condiciones o al entorno que nos rodea. 
    • Motivacional: con ellas somos capaces de dirigir nuestra conducta y potenciarla. 
  • Según su carácter podemos clasificarlas en emociones primarias y secundarias. 

Emociones primarias

Las emociones primarias son las más básicas. Según Ekman, incluyen y constituyen los procesos de adaptación y todos los seres humanos nacemos con ellas. En esta clasificación incluiríamos:

  • Alegría: Nos permite relacionarnos con los demás y crear vínculos con el entorno que nos rodea. Es una de las emociones más adaptativas, ya que nos muestra felices, mejora nuestra sensación de bienestar y hace que empaticemos con los demás o florezcan en nosotros conductas altruistas. 
  • Tristeza: La tristeza despierta la empatía en el resto del grupo y hace que se aproxime a nosotros para arroparnos y ayudarnos a superarla. Sirve para focalizar la atención en lo que verdaderamente importa y nos ayuda en la búsqueda de soluciones. 
  • Sorpresa: Es la emoción más breve y previa al resto. Nos prepara ante las novedades, para que podamos afrontarlas de forma adecuada. 
  • Asco: En el sentido más general del término, el asco define una marcada aversión producida por algo fuertemente desagradable o repugnante. Es una emoción compleja que implica una repuesta de rechazo. Ayuda a la supervivencia evitando que ingiramos objetos o sustancias peligrosas que puedan ponernos en peligro.
  • Miedo: Es nuestra alarma interna, aquella que nos avisa de los riesgos. Es una manera de activar nuestro organismo y ponerlo en alerta ante posibles amenazas. El problema es que, si se dispara, termina por bloquearnos y deja de actuar a nuestro favor. 
  • Ira: Igual que el miedo, la ira activa nuestro organismo, pero, en vez de servir para protegernos, es para conseguir nuestros objetivos. Si no la canalizamos de manera adecuada, puede terminar siendo muy perjudicial. Para que la ira sea beneficiosa, no hay que reprimirla sino controlarla. Debe expresarse al igual que el resto de las emociones básicas. 

Emociones secundarias

Según Plutchik, las emociones secundarias surgen de la combinación de las primeras y son mucho más complejas. Es por eso que es necesario un grado de desarrollo mayor para que aparezcan. Hasta los 2-3 años de edad no se desarrollan y surgen de la experiencia. Por tanto, su aparición está condicionada a la socialización y el aprendizaje. Para nuestros pequeños, aprender a controlarlas es un auténtico reto. De ahí que, durante esta época y hasta aproximadamente los 4 años, sean tan comunes las rabietas. 

El refuerzo de estas emociones está ligado a la autoestima, la identidad personal y el autoconocimiento. Las experiencias vividas y los valores sociales tienen también un gran peso sobre su desarrollo. 

A pesar de que esta clasificación es bastante aceptada, hay cierta controversia a nivel académico. En general, se acepta que las emociones primarias son aquellas que consideramos universales y son innatas a todos los individuos. Las secundarias, sin embargo, van variando y aparecen en función de la experiencia y la interacción con las personas y el mundo que nos rodea. 

Sea como sea, en lo que sí están de acuerdo los expertos es que todas las emociones son válidas y son nuestros propios juicios de valor los que las aumentan y etiquetan. Por ejemplo: «No debo actuar de esta manera porque es algo horroroso», «No he de sentirme triste porque no está bien visto», etc.

Lo importante para convivir con ellas es aceptarlas y aprender a controlarlas para que formen parte de nuestra vida sin provocarnos malestar. El diario emocional es un método muy útil para practicar la autoobservación y controlar las emociones.


¿Qué aspectos influyen en el bienestar emocional?

Hay ciertos aspectos de nuestra rutina diaria que influyen directamente sobre el bienestar emocional. Veámoslos con calma. 

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La familia

La familia es nuestro entorno social más directo. Nuestros padres, hermanos, abuelos o tíos son parte de ella. Es el grupo que nos ha criado y nos ha dado las pautas para nuestro desarrollo. Por desgracia, no todas las familias tienen una relación adecuada.

Conseguir equilibrar esta parte de nuestra vida es primordial para alcanzar el bienestar emocional. Recuerda que has de dedicar tiempo de calidad a la familia. No podemos dejar que las obligaciones, el estrés o la sobrecarga de trabajo nos impidan cuidarlos y dejarnos cuidar por ellos.

La vida social y relaciones personales

Las relaciones personales son una base muy importante de nuestra vida y hay que cuidarlas para tener una buena salud emocional. Abrirnos a los demás, contar nuestras experiencias, cuidar las amistades… Son maneras sencillas de sentirnos parte de un grupo y encontrar nuevas soluciones con las que afrontar los retos diarios. 

Al igual que sucede con la familia, debes dedicar tiempo de calidad a tus amistades. Es importante aprender a tener amistades de calidad, ya que ayudan a mantener ese anhelado equilibrio.

El trabajo

El trabajo que desempeñemos, cómo lo hagamos y cómo nos haga sentir está directamente relacionado con el bienestar emocional. Las condiciones presentes en nuestro empleo son riesgos psicosociales que debemos asumir y que se asocian a la manera en la que realizamos las tareas, el contenido del trabajo y las relaciones sociales que se dan en él. 

La alimentación

Una dieta poco saludable puede afectar a nuestro bienestar emocional a muchos niveles. Por ejemplo, aparte de empeorar nuestra salud y hacernos engordar o adelgazar, también puede ser un motivo para empeorar la calidad del sueño. 

De ahí que adquirir una alimentación sana sea primordial para vivir mejor, tanto emocional como físicamente. Para conseguirlo, solo has de aumentar la ingesta de frutas, verduras y legumbres y reducir la proteína animal hasta niveles aceptables. Olvídate de la comida basura y déjala aparcada para momentos muy puntuales. 

El sueño

Para conseguir un buen descanso, lo ideal es mantener un estilo de vida saludable. Los hábitos nocivos y los picos de estrés son los principales causantes de la falta de sueño. Cuidando nuestra alimentación, practicando ejercicio físico, luchando contra el estrés y creando un entorno relajante, lograremos descansar mejor y conciliar el sueño. Si no consigues dormir, no te obsesiones, levántate y realiza alguna actividad relajante (no relacionada con la visualización de pantallas) que te ayude a sentirte mejor y dormir.

Recuerda que no descansar entre 6-8 horas diarias de forma adecuada tiene consecuencias negativas tanto física como emocionalmente. 

El estrés

Cuando no somos capaces de hacer frente a las demandas de nuestro entorno, aparece el estrés. Y no es un problema baladí. El estrés ocasiona cambios a nivel fisiológico y biológico en nuestro organismo. Nuestras defensas se reducen y somos más propensos a enfermar. Debemos tener presente que:

  • El estrés puede provenir de situaciones rutinarias que, en un momento dado y debido a su acumulación, nos sobrepasan. Carecer de tiempo para nosotros mismos, ir corriendo siempre para llegar a la escuela con los niños o, simplemente, sufrir atascos cada vez que vamos al trabajo pueden ser el detonante. 
  • Tener ciertos picos de estrés es normal, pero cuando se convierte en algo rutinario, estamos ante un problema. Los niveles de cortisol se disparan y nuestro hipocampo puede verse afectado hasta el punto de provocar daños en la memoria eliminando parte de los recuerdos recientes. 

Pero, por suerte, podemos combatirlo. En caso de que no logremos reducir el estrés por nuestros propios medios, lo adecuado es solicitar ayuda profesional, con el fin de recuperar el bienestar emocional. 


¿Cómo conseguir el bienestar emocional?

Alcanzar el bienestar emocional no tiene por qué convertirse en una tarea complicada. Solo es necesario aplicar ciertas pautas de comportamiento en nuestro día a día para lograrlo. Exponemos a continuación varios ejemplos. 

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Conocerse a uno mismo

¿Sabías que a veces nos convertimos en auténticos desconocidos para nosotros mismos? Conocernos es la manera más sencilla de lograr el bienestar emocional, pero para hacerlo, es necesario dedicarnos tiempo y aprender a escucharnos.

Hemos de ser capaces de identificar lo que nos pasa y saber expresarlo. Saber qué cosas nos agradan y cuáles nos desagradan. Aceptarnos tal y como somos y comprender que cada persona es un mundo, incluidos nosotros. Debemos ser menos duros y perdonarnos por no ser perfectos: “No puedo con todo y no puedo solo”.

Está claro que a veces perderemos el control y no seremos capaces de manejar las relaciones con ciertas personas, pero esto no debe hundirnos. Todos los seres humanos somos vulnerables. Debemos de buscar la manera de controlar nuestras emociones y aprender de ellas.

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Relacionarse

La interacción social es un método maravilloso para reducir el estrés y conseguir un punto de vista más real de lo sucede en nuestro entorno. Te animamos a que encuentres una relación de apoyo. Busca a alguien a tu alrededor que sepa escucharte y con quien puedas hablar de manera regular. Alguien que sientas que sea incondicional, que no te va a juzgar y con quien te sientas seguro. Quizás sea difícil, pero es más que posible.

Pero ¿qué características tienen estas personas que definimos como buenos oyentes? Son aquellas que saben leer en nuestras palabras y gestos hasta hallar nuestros verdaderos sentimientos; o personas que simplemente nos acompañan, que nos escuchan sin juzgarnos y nos dejan expresarnos.

Buscar personas con las que entablar relaciones de calidad hacia ambas direcciones nos enriquecerá y ayudará a tener una vida plena. 

Aceptarse

Gran parte de los problemas que tenemos a lo largo de nuestra vida surgen de nuestra incapacidad de aceptarnos tal y como somos. Debemos ver nuestras fortalezas y limitaciones y comprender, sin miedo, que forman parte de un todo.

Aceptarse a uno mismo es un paso muy importante para alcanzar el bienestar emocional, para no hacernos daño a nosotros mismos por no ser perfectos, porque no todo en la vida ocurrirá como nos gustaría que lo hiciese. 

Buscar propósitos

La motivación es el pilar de nuestra vida. La capacidad de querer mejorar algo o alcanzar una meta mueve montañas. Sin embargo, si carecemos de metas y objetivos, nos sentiremos completamente vacíos. Por eso, desde el Canal Salud IMQ te animamos a que pienses en esos aspectos de la vida que te pueden ayudar a crecer.

Mantén la mente ocupada, márcate unos objetivos realistas y alcanzalos paso a paso. No te olvides de esas actividades que te hacían feliz cuando eras pequeño y se te daban bien (leer un libro, dibujar, correr…). Vuelve a practicarlas y suma aquellas que has ido desarrollando a lo largo de tu vida. 

Siguiendo estos sencillos consejos, lograrás mejorar tu calidad de vida.

Estilo de vida saludable

Practicar alguna actividad física, comer de forma saludable, dedicar tiempo de calidad a los nuestros, apartar los pensamientos negativos en bucle, evitar que el estrés nos supere, ser conscientes de nuestros miedos y poner en marcha estrategias para gestionarlos... son solo algunas formas sencillas de conseguir un estilo de vida saludable. 

Conseguir el equilibrio entre todas las facetas de nuestra vida es la clave del bienestar emocional.

Pedir ayuda

No nos engañemos. No somos superhéroes y siempre habrá momentos en los que el cúmulo de situaciones nos sobrepase. Sentirnos desbordados de forma puntual es normal y razonable. Solo hemos de saber cómo lidiar con ello. 

Si no podemos hacerlo solos, pedir ayuda es lo adecuado. Podemos hablar con un amigo o familiar para sentirnos mejor, pero si no es suficiente y creemos que necesitamos ayuda profesional, hemos de acudir a un psicólogo.

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Terapias que existen

Hay muchos tipos de terapias diferentes que pueden ayudarnos a alcanzar el bienestar emocional. Existen tantas modalidades como personas y problemas hay en el mundo. Las más conocidas son las que exponemos a continuación. 

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Terapia Gestalt

Desarrollada en los años 40, se centra en enseñar al paciente a vivir el presente y a tomar conciencia tanto de sus deseos como de sus sentimientos. Esta terapia es la adecuada para aquellas personas que no consiguen alcanzar un equilibrio entre sus sentimientos y sus acciones. Es perfecta para cualquier edad y busca el autocrecimiento

Este método trabaja sobre la capacidad de las personas de «darse cuenta» por sí mismas de lo que les sucede. La idea es que sea la propia persona, y no la interpretación que pueda hacer el analista, la que genere la mejora conductual a partir de un cambio de percepción, de su forma de sentir y de actuar. 

Terapia cognitivo-conductual

La terapia cognitivo-conductual busca demostrar que todos los comportamientos son aprendidos, incluidos los inadaptados. Por tanto, pueden ser desaprendidos del mismo modo. 

Partiendo de esta base, dicha terapia considera que los pensamientos negativos son, simplemente, respuestas aprendidas. La manera de conseguir lidiar con ellos es aprender a pensar de manera constructiva y olvidar el otro enfoque que solo nos daña. 

La forma de actuar del terapeuta durante este tratamiento se basa en enseñar al paciente a tomar conciencia de sus pensamientos y creencias y ayudarle a hacer juicios de valor más realistas. 

Terapia neuropsicológica

La terapia neuropsicológica está dirigida a personas de cualquier edad que presentan lesiones cerebrales o alguna disfunción del sistema nervioso, ya sea adquirida tras una enfermedad o accidente, o de tipo congénito. Ayuda a tratar problemas como el alzhéimer, accidentes vasculares cerebrales, problemas de memoria, del lenguaje, de orientación, etcétera. 

El fin de la neuropsicología es comprender las relaciones que hay entre el cerebro, las funciones intelectuales (como el habla o la memoria) y el comportamiento. Dependiendo del caso, los neuropsicólogos proponen un diagnóstico y, posteriormente, un posible tratamiento terapéutico. 

Terapia sistémica

La terapia sistémica se basa en la creencia de que las dificultades del paciente están directamente asociadas a las relaciones que mantiene tanto con su entorno como consigo mismo. La construcción que el paciente hace de la realidad no es la adecuada debido a algún problema en estos ámbitos. 

En este caso, el terapeuta persigue que seamos capaces de buscar respuestas adecuadas a las dificultades que vayamos encontrando. Este enfoque considera que, de forma natural, podemos hallar las respuestas correctas. Sin embargo, hay ocasiones en las que no conseguimos hacerlo. Es en estas situaciones cuando los problemas no paran de regresar una y otra vez a nuestra vida, puesto que no hemos logrado solucionarlos de verdad. 

La terapia sistémica nos ayuda a localizar la dirección correcta para iniciar un cambio hacia un «círculo virtuoso», y lo consigue con cambios mínimos de primera instancia que terminan provocando modificaciones profundas a nivel emocional en la forma de ver el problema. 

Terapia psicoanalítica

La terapia psicoanalítica es, sin duda, la más conocida debido a la televisión y las películas. Todos hemos visto en alguna ocasión la imagen del paciente tumbado cómodamente en un diván mientras el psicoanalista apunta en una libreta. 

Pero el psicoanálisis es mucho más que ese cliché que nos ha impuesto la industria del cine moderno. Es un tratamiento basado en la idea de que las personas desconocen los factores que producen sus emociones y posteriores comportamientos, ya que estos son inconscientes. 

La terapia psicoanalítica se encarga de explorar esos factores del subconsciente que afectan a las personas, tanto en sus patrones de pensamiento como en sus interacciones con el entorno y sus emociones. 

Según el psicoanálisis, todos nuestros trastornos provienen de las ansiedades infantiles que fueron reprimidas y los caminos que desde entonces hemos buscado para protegernos contra la reaparición de esos sentimientos. Se trata de mecanismos defensivos que creamos sin darnos cuenta. 

Por medio de esta terapia, el psicoanalista busca descubrir esos aspectos inconscientes que reprimimos en nuestra psique para que podamos alcanzar el bienestar emocional

Puntos clave del bienestar emocional

Perseguir el bienestar emocional debe convertirse en una meta a lo largo de nuestra vida. El equilibrio de las diferentes facetas que nos convierten en lo que somos es la manera de lograrlo.

Tenemos en nuestras manos un largo recorrido, pero podemos vivir en armonía aplicando sencillas acciones a nuestro día a día como cuidar nuestro descanso, la alimentación, evitar el estrés o tener una relación adecuada con nuestro entorno laboral y personal

Sin embargo, a veces no somos capaces de conseguirlo nosotros solos y necesitamos ayuda. Es en esos casos cuando los expertos se ponen a nuestro servicio y nos orientan sobre qué hacer para encontrar el bienestar emocional en nuestras vidas. 

Acudir a consulta es una manera sencilla de equilibrar nuestro mundo. Será el propio psicólogo el que nos oriente sobre la terapia más adecuada para nuestro caso y nos acompañe en el proceso de descubrir mejor quiénes somos y establecer ese equilibrio que tanto necesitamos y merecemos.

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